'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Un escritor de relámpagos… Es lo que soy... Maurice Echeverría



Vivir el juicio


Cada quien ha vivido el juicio a su modo; yo lo he vivido celularmente.

Desde el día uno fue importante para mí asumir este reto tectónico, hipercívico; adherirme a esta formidable pasión social. No evasionar: no replegarme en una de las formas de la cotidianidad: no apartarme de la historia viva: posicionarme.                   

Fui otro de los beneficiados del streaming. No se dio el día en que no escuchara el juicio. Ciertos días lo escuché tanto –cuatro, seis horas, mientras trabajaba. Otros solo pude escucharlo una hora o menos, cuando el trabajo de plano me lo impedía. 

Y a la par de escuchar el juicio, he dado mi opinión respecto al mismo, en esta columna, en tantas conversaciones anfetamínicas, en fb, en donde el feedback es ya masivo, instantáneo, extásis. Nada como escribir posts en voltaje –urgente, volterianamente. La opinión es activismo, a no dudarlo. Hay quienes aprecian los propios criterios, quienes los desdeñan. La disensión es buena, es néctar. El ejercicio es mantener la apertura, alteridad, tolerancia –el zen. Nada de ira. La ira es el enemigo. El arte de navegar con maestría entre las malas vibras. Lo cual no quiere decir que no podamos ponernos claros o punkis. Sobre todo poner los límites, cuando alguien dice lo falso, tuerce lo dicho, cuando hay irrespeto.

También a veces tomar distancia del proceso, para preservar el balance y recargar batería. No podemos permitir que esta clase de asuntos nacionales, por muy importantes que sean, nos enfermen. Lo que la nación necesita son sujetos sanos –como brotados de un poema de Walt Whitman.


(Columna publicada el 25 de abril de 2013.) 

La reguerra



Es la reguerra. El conflicto reloaded. El gran reavivamiento ideológico.      

Primero Corea. Cristo, qué tramoya, qué olor a botas castas, qué propaganda más ondeante. El temor rojo a full, en los noticieros corporativos.  Se respiran viejos aires de guerra fría, guerra fría que tantísimas guerras calientes nos dejó. Nuevamente, los cortinajes de hierro y las cortinas de humo (ahora en modalidad enrollable screen). Bienvenidos al déjà vu nuclear.

En América Latina, vivimos el drama venezolano, el drama de la untuosa Venezuela, con sus macartistas de maraca y sus estalinistas entropicales. Todo lo encapillan. Buen día, mi enemigo a muerte, se dicen unos a otros, de ambos lados de la calle.

Y ya en Guatemala, el juicio a Ríos Montt. Ni hablar. Por un lado, la retroretórica republicana y paranoica, viendo hoces/martillos espectrales en lo alto del castillo. Y luego no falta la izquierda de rocola, borracha y agresiva. Se nota lo mucho que extrañan darse verga. Han ido a los baratillos a sacar los props discursivos de la época, les han tomado foto, y la foto la subieron a facebook. El nene quiere meme.

Afeado, el ambiente. Dicen algunos ecologistas que cuando un entorno natural empieza a morirse lo primero que se va es la belleza. En el reino político es la belleza, el respeto, la claridad, sobre todo el humor.

De pronto recordé por qué aquel rollo nuestro de la generación desencantada. Los desencantados éramos los que no queríamos morir –de sangre o aburrimiento– en las trincheras ideológicas. Por tanto nos dedicamos a practicar un poco de brujería posmoderna… Qué ganas de ver, de pronto, Dr. Strangelove...


(Columna publicada el 18 de abril de 2013.)  

Integral


Nuestra cultura política sigue desgarrada por la misma sempiterna polaridad.

Estamos hablando de dos residencias ideológicas de conjunto –con sus variantes y subregistros– que se oponen y friccionan, mientras se alimentan parasitariamente la una de la otra.

En sus versiones patológicas y clausuradas ninguna de estas dos membresías ha conseguido salvar el proyecto político del país. Lo único que han logrado es abrir las puertas a la confrontación atávica, y a su valor dominante: el maniqueísmo rapaz.  

El problema es congelar una perspectiva en detrimento de otra (un ejemplo formal: estado de derecho vs. derechos humanos). El problema toca no solo a derecha e izquierda, sino además al centro que, en su modelo acomodaticio y moderante, también descarta grados políticos significativos.

La vieja forma de situarse en el espectro político jamás ha funcionado. Esto no debiera llevarnos a rechazar la política desde un escepticismo nihilista e inmaduro. Tampoco debiera llevarnos a la esquizofrenia doctrinal o partidista.

Debería más bien ayudarnos a establecer un guión de desarrollo integral que permita por un lado sinergizar las expresiones sanas de las tres esferas dominantes del espectro ideológico, y por el otro discernir y enfrentar los aspectos sombra de cada una de estas esferas, bajo un intrépido y muy serio marco de rendición de cuentas. 

Todas las visiones políticas tienen en ellas, en su modalidad saludable, un valor y una razón legítima de ser. Solo podremos salir de esta crísis en la medida en que podamos honrar de modo simultáneo las múltiples perspectivas del paisaje del poder.


(Columna publicada el 11 de abril de 2013.) 

La palabra cementerio



Además de aquellos autores locales ya repertoriables en su nómina, como el irrebatible Pérez de Antón, la editorial Santillana absorbe ahora a autores mucho más recientes, en apuesta apreciable.  

Uno de ellos es Arnoldo Gálvez Suárez (1982) quien presentó hace unas semanas su libro de cuentos La palabra cementerio, como parte de la colección Punto de Lectura.

Aquí, Gálvez Suárez rinde al lector seis cuentos que ocurren todos en un contexto evidentemente local, pero no incurren en obvios localismos. Entre estos relatos hay varios memorables, como el que da título al libro, de lo mejor que se ha escrito en esta tierra–barrio.

Inteligencia narrativa de Gálvez Suárez. Uno se pregunta quiénes son los autores que le han infundido tanta claridad. Lo mejor será preguntárselo directamente a él, pero uno siente–intuye para mientras la presencia, en el código genético de su prosa, de nuestros mejores antepasados (el Cortázar oblicuo, sugestivo; el Onetti protocolariamente verbal).

Hay que apreciar en Gálvez Suárez muchas cualidades, la primera siendo la continua preocupación por generar belleza escrita en la oscuridad sin fondo de sus temas.

Ya todos los guatemaltecos somos parte de alguna oscuridad. Es nuestro medio. Somos como esos peces abisales que desarrollan mutaciones raras, por falta de luz. En el caso del pez abisal llamado Arnoldo Gálvez Suárez, uno puede apreciar un rasgo que le hace de temer: segrega una ironía translúcida, no por ello menos tóxica, con la cual envenena a sus lectores. Su cuento Piscina, penúltimo relato del libro, es un ejemplo fuerte de este humor paralizante.


(Columna publicada el 4 de abril de 2013.)

Nacido en 1976, en la ciudad de Guatemala. Escritor y periodista. Ha publicado los libros "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001), "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003) y "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Su cuento "Ascensor" figura en la antología de cuentos "Los Centroamericanos", publicado por Alfaguara (Guatemala, 2002). Su cuento "Hospital" figura en la antología del cuento centroamericano contemporáneo "Pequeñas resistencias 2" (Páginas de Espuma, España, 2003). Su cuento "Sara sonríe de último" figura en la antología de cuentos "El Arca, bestiario y ficciones de treintaiún narradores hispanoamericanos" (Sangría, 2007). Ganador del Premio de Novela Corta de la Editorial Magna Terra 2003, por su novela "Labios", publicada en el 2003 por dicha editorial. Ganador del concurso de novela Mario Monteforte Toledo 2005 con su obra "Diccionario Esotérico", que fue publicada en el año 2006 por la Editorial Norma, en su colección La Otra Orilla. En el año 2008 publicó en formato blog su libro "Plegarias Mutantes"; Y el libro "Es sólo sangre"; ambos bajo su propio sello Zanate.
 
Creative Commons License
Buscando a Syd by Maurice Echeverría is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 Guatemala License.