'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







La moral de los artilleros


¿Es que hay pueblo más psicológicamente receptivo a las bondades de una Glock? Los portadores de armas recurren a argumentos ni siquiera alambicados para defender su punto de vista. Por lo general, reivindican el derecho a jugar a los vaqueros en la calle. El Estado, en una posición más bien ambigua, recorta los derechos de los artilleros pero a la vez estimula sus ademanes, e insiste en que hay que darle a la gente “los medios adecuados y racionales para defenderse”. Por racionales entiéndase hábiles como para vaporizarle la masa encefálica a un vecino, asegurándose de esa cuenta el disparador incontables eones de vagancia en los reinos infernales de la existencia cíclica. Pero la Ley de Armas y Municiones dice: “medios adecuados y racionales”. No me cabe duda de que los diputados, antes de tomar cada decisión parlamentaria, visitan sus anaqueles privados en busca de Kant de quien por supuesto compusieron en tiempos de Universidad alguna tesis avanzada. Así de puros y sabios son nuestros legisladores. Y de esa cuenta, luego de revisar concienzudamente el concepto de imperativo categórico, ellos deciden que lo más lúcido –y moralmente fructífero– es situarse por encimita de la misma ley que buscan promover. Una auténtica ética del ejemplo, la de esos cabrones. Muchos le colocan una estrellita en la frente a dicha ordenanza pero a mí no me engañan y me parece que se quedaron ultracortos. Es lo que pasa cuando se adelanta una iniciativa en un contexto volátil, y quizá montado (la fotocomposición fría y escabrosa de los choferes muertos). ¿Tres armas? Una en cada mano, y otra en el botín. Cowboys, les digo. No es que no le tenga miedo a un marero con un MS13 en la frente. Pero le tengo aún más miedo a los psicópatas Lacoste que van por las calles con una 9 milímetros en la guantera.


(Columna publicada el 16 de abril de 2009.)

1 comentario:

monimoni dijo...

* CASUALMENTE HOY ME PUSIERON UNA EN LA CALLE...

-SEÑOR LADRÓN, a usted le falta estilo para usar pistola
piense... su personaje no entra de villano ni el comic más barato...-

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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