'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







La salud de los jabones

Dos y tres enfermaron. Luego cuarenta, y luego mil, y luego cuarenta mil, y luego todos.

Los jabones. Presentaron de la noche a la mañana pústulas bastante repugnantes. Estaban como ausentes, sólo boqueaban, ya negros, en los lavamanos.

¿Y ahora cómo vamos a bañar a nuestros hijos?, se lamentaron todas las madres.

Alguien especuló: que los jabones habían enfermado por sucios. Y dijo: que si bien contribuían a la cultura higiénica del ser humano, los jabones jamás se autolavaban. Expresó: que esa falta de cultura sanitaria de los jabones trajo consigo la plaga y la calamidad.

Recuerdo haber puesto el jabón de la bañera en una cajita, sobre un pañuelo, con gran delicadeza. Le hice el reiki. Me gasté un dineral en medicinas. Pero se murió lo mismo.

Se mandaron a hacer grandes fosas comunes, para tanto cadáver de jabón.

Los humanos dejaron de lavarse. El olor, Dios mío.

Y así cómo los jabones presentaron de la noche a la mañana síntomas de descomposición, el humano se terminó enfermando él también, y largas epidemias azotaron las ciudades. Al final, jabones enfermos y humanos enfermos terminaron compartiendo los mismos cuartos de hospital, en una especie de insólita amistad entre lo animado y lo inanimado. Era hasta cierto punto hermoso, a pesar de trágico.

Pero las personas aún sanas mostraron en cambio gran resistencia a involucrarse con los jabones, a quienes culparon de toda la tragedia. Propusieron de esa cuenta hacer jabones con los humanos que iban muriendo, ya saben, como en los campos de concentración. Y en efecto los jabones nuevos hechos de grasa humana demostraron propiedades genéticas superiores, y ya no enfermaron.

Los nuevos jabones eran fuertes y arios. Y así volvió a la tierra la salud de los jabones.


(Columna publicada el 23 de abril de 2009.)

2 comentarios:

lu! dijo...

Sin haber llegado al final, ya estaba pensando en los jabones hechos de humanos y en Alemania... no se porque!

saluditos
lu!

Maru Luarca dijo...

Mayo ya se termina. Y tus relámpagos no han caído más por este blog...postea algo ya! Le urge a mis ojos y a mi cerebro.

Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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