'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Cómo grito


Cómo grito. Grito en la mañana, y en el carro, y a la hora en que no se grita. Grito y no escucho pero eso sí escucho mis gritos gritar. Grito porque soy un hombre sin una noción muy clara de justicia, un bárbaro, un buscador de oro. Grito sangre a sangre la memoria de la raza. Grito cuando hojeo silenciosamente los libros que no gritan. Grito a caballo y grito a pie. Hay gritos artísticos, gritos Debussy. Hay gritos atrapados en las cien bartolinas del miedo. Mis gritos se elongan en el tiempo, como estrellas muertas. Gritar es dar el pan que se desvanece. Grito porque canto. En tanto que pájaro, en tanto que zombi, en tanto que Jehová comiéndose las uñas en su alcoba cósmica, yo grito. Grito a vuestros hijos que ya me están gritando ellos de vuelta. Por despertar el hígado de las cosas grito. Y por no decir, entonces grito, pues de decir está hecha la miseria barata de los días. Grito sin curiosidad. Grito agritadamente. Grito y en el acto defino con gran precisión lo que es gritar. Grito de dormir. Grito suavecito. Grito gatos degollados. Y cuando no estoy gritando, pues también grito. Vivo en un edén de gritos. Grito contra el muro y grito fusilando. Miren cómo gritar es dar navajazos en la noche. Es ampliar las posibilidades nerviosas de otro ser humano. Desolado es mi grito, óseo es mi grito, grito mi cueva. Es tiempo de gritar. Y también es tiempo de dejar ir el grito, que se vaya al Petén salvaje. Grito y embeleso a los que apenas saben gritar. Tu grito como el mío saben a mermelada, a tierna muerte conyugal. Gritos que se arrastran sobre la nieve, como torturados monjes tibetanos. Ya no seré jamás aquel que escribía poemas a la orilla de los mares, sino sólo ese adusto hombre que ya está harto de parquear el carro, y grita. Y se mira las manos gritantes. Y grita.


(Columna publicada el 30 de abril de 2009.)

1 comentario:

Maru Luarca dijo...

Grita, que como tu, pocos.

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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