'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Radical libre


Respirar es una actividad sumamente corrosiva. Cada vez que respiras tu cuerpo se muere otro poco. Con cada respiración te degradas un tanto más (estrés oxidativo, por exceso de radicales libres). Para tanta metáfora mierda sobre el aire, resulta que igual nos mata, indirectamente. Este aserto de la ciencia invalida la creencia universal de que respirar es parejo a vivir. Podríamos decir que respirar es una cuarenta y cinco que alguien ha colocado en la sien de tu sangre.

Si respirar es venenoso, lo menos que puede hacer uno es respirar en el Lugar Correcto. Es un arte eso de respirar en el Lugar Correcto. El Lugar Correcto no es un lugar único, sino un lugar cambiante. Se mueve, es casi irritante lo que se mueve. Y mi discernimiento me dice que ahora el Lugar Correcto es –quién lo hubiera dicho– el Lago de Atitlán.

Oh no, no soy ningún seminarista del LSD, freak ecológico, marxista new age, ni he sido amancebado por los extraterrestres, que yo sepa. Es sólo que cuando vi esa amable casita –camino a Santa Catarina Palopó– con su inesperada terraza y sus gatos y su chimenea y su senderito que baja y que baja, algo me dijo: ah sí, esto es.

Hay que amolar la cuchilla. Hay que defenderse en esta vida. Hay que buscar el Lugar Correcto.

La belleza del Lago es bestial. Observo, percibo, contemplo, embelesado, a esta hora crepuscular, los mil reflejos dorados, que se desorganizan para dar a luz otro palimpsesto extasiante. Lo moral sería desangrarse viendo esta escena tremenda. Es lo que buscan todos esos pálidos turistas; para eso vienen a Hispanoamérica, en búsqueda de otra cosa que un seguro social.

Fuera de la intriga presupuestaria, y de ciertos inconvenientes previsibles que supone vivir lejos de la capital, estoy completamente emocionado. No soy inmune a los malditos radicales libres, pero sépase que soy un radical libre yo también.


(Columna publicada el 8 de mayo de 2008.)

8 comentarios:

Cristian Mejia dijo...

Vivi unas semanas en San Pablo la Laguna, no en el pueblo, precisamente a la orilla del lago, en una casita con muelle, entre sembradillos de cebolla y achiote, cafetales perdidos etc. Si Atitlan no es el paraiso, es algo muy parecido.

Maurice Echeverría dijo...

Puedo considerarme dichoso por estar lejos del cortejo de desadaptados urbanos. Me gusto más así, provincializado. m.

lusifergua dijo...

No sé si sea el paraíso, talvez el de los escritores. Porque ante la bestial magnificencia de Atitlán sobran las palabras... Por cierto, metafórica y fisiológicamente hablando, no sólo respirar produce radicales libres... todo en este mundo decadente nos mata un poco. Qué bien, ¿no?

lu! dijo...

Huy Santa Catarina, si bajas al lago por el pueblo hay un lugar en donde venden comida, es frente a donde salen las lanchas, casi nunca hay gente pero eso no significa que no sea bueno.
saludos
lu!

Maurice Echeverría dijo...

Sí, hay escenarios, no por desolados, menos extraordinarios. Talvez por ello. m.

Alan dijo...

¿Un lago-epifanía, lago-poema, un espejo mejorándonos? Te sigo leyendo, abrazos!

Maurice Echeverría dijo...

Hay que echar el corazón al fondo del lago y verlo hundirse a la hora de crepúsculo. m.

Anónimo dijo...

En Semana Santa... Yo religiosamente peregrinaba a Panajachel, si a Pana... creo que deje eso, la ultima vez fui mejor a San Juan La Laguna y me gusto mas la desolacion y relajacion del lugar.. La belleza se encuentra en la simplicidad de las cosas y lugares..

Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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