'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El hombre de las cavernas


Canetti, o el hombre de las cavernas. El hombre de los balbuceos sagrados. El vecino de lo indecible.

Aparte de haber escrito ese libro extraordinario, Masa y poder, Elías Canetti abrió con el fórceps de su incuestionable inteligencia el género aforístico, que en lo personal adoro.

Adoro el género del aforismo. Pero no sé muy bien qué es. Nunca lo he sabido.

El aforismo, en apariencia, tiende a la graficación de las ideas. Claridad, sencillez, estilo. Es un género práctico, en apariencia. Pero en verdad un aforismo es como un haiku: apenas la punta del misterioso iceberg.

El aforismo, último bastión del escritor antes de la carnicería del silencio.

El aforismo, género de los muertos.

Hay que tener dos grandes pelotas para escribir aforismos.

El aforismo requiere de una soledad absoluta.

Un edificio de aforismos es una construcción segura, tupida, un lugar para tirarse al vacío y suicidarse bien.

El poeta/intelectual, herido de muerte, espera a los soldados enemigos con una granada en la mano: una frase desnuda. Sabe que va a morir pero no sin llevarse antes a unos cuántos.

Hombres heroicos fueron La Rouchefoucauld, Nietzsche, Wilde, Lichtenberg, Cioran, Bufalino.

Y Canetti, por supuesto. Lo llamo el hombre de las cavernas, porque algunos de sus aforismos son como vastas grutas inagotables. Son rendijas que van a dar a espacios cósmicos, a sospechas sin fin. Parecen juegos de un niño, humoradas, pero en realidad son éxtasis del sentido y del contrasentido.

Canetti amplió el registro aforístico como ningún otro. Cultivó la ocurrencia, cómo no, pero hizo mucho más que ocurrencias.

Quiero saludar al hombre de las cavernas a cien años de su nacimiento. Quiero morir con un aforismo suyo en la mano.

(Columna publicada el 28 de julio de 2005.)

1 comentario:

diego dijo...

Con Canetti tenemos una deuda terrible, el Hércules judío que cortó las cabezas de la hiedra. d.

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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