'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Los chinos

Me dice mi chiquita: “Necesito un pants. Vamos a dónde los chinos”.

Y nos vamos a donde los chinos. A mí no me gusta la ropa de los chinos, no me parece bonita ni especialmente barata. Barata es la ropa de paca de la calle de Correos.

Pero ya estamos en la tienda del chino, que es un chino sereno y controlador, rodeado de una milicia de dependientes feítas y coquetas. La tienda se encuentra en la zona 14, y uno pensaría que –por eso de la ubicación– los clientes son más bien de billete. Pero no. Pura clase media. Los ricos del vecindario deben considerar esto como una suerte de degradación de su zona. Además, si ellos quieren una blusita Abercrombie o una cartera Louis Vuitton, la compran como Dios manda, esto es: cara. En La Pradera o directamente en Miami (directamente es un decir, pues en realidad aquí la maquilan). Por supuesto, esto que digo aquí no es la regla: aparte de los falsos millonarios, también hay de vez en cuando un genuino rico sin complejos que se compra algo dónde los chinos.

La primera pregunta que me asalta es: ¿por qué chinos, y no ucranianos, o bonaerenses? ¿Porqué los chinos controlan las maquilas? Bueno, porque todo empezó allá, en Corea, seguramente, y con el tiempo fueron buscando otra mano de obra, más barata, por ejemplo en Centroamérica. Con el savoir faire que ya tenían, no les resultó nada complejo implantarse, aún si hablar el idioma, en países lejanos: para un coreano, montar una maquila es igual a mear: un acto orgánico y deseable.

Observo a la gente probarse la ropa, luego tienen un ligero calambre de ansiedad por no saber si llevarse esta o aquella prenda, y luego, cuando finalmente se deciden, adviene la iluminación, el nirvana o éxtasis de la compra. Una pequeña felicidad de domingo por la tarde.


(Columna publicada el 4 de agosto de 2005.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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