'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El muerto

Me he topado con un muerto. ¿Conocen la pasarela que está a la altura de las Capillas Señoriales, sobre el Bulevar Liberación? Pues allí. No exactamente allí, pero cerca. Es decir que yo caminaba sobre la pasarela, contemplando el fornido brazo de carros, abajo. Es una pasarela más que necesaria: cruzar ese segmento del bulevar por la pura calle no es humanamente posible. Viendo el tráfico, muy contento, me di cuenta que allá, en la acera, había un hombre, no durmiendo, pero casi, y ya lo habían tapado. ¿Qué pasó? Pregunté. Parece que le dio un infarto. Me respondió un joven, que abrazaba a su novia, como si la escena fuese romántica. En la pasarela, todos contemplaban el suceso. Continué mi camino. Pasé al lado de la señora indígena que pedía limosna. No tenía dinero para darle, pero aún sin dinero, me sentí incómodo por no poder dárselo. Es un asunto mío muy enfermo, llamado culpa. Con la señora había un niño, presumiblemente su hijo, y el hijo de la señora jugaba, es decir corría, y los mocos, qué bellos mocos le brotaban de la nariz, al patojo. Me alejé de la señora, del niño, y del muerto.

Cuando venía de regreso, el muerto seguía allí. Y un par de policías. Esos policías que sólo cabe definir como guatemaltecos. Y un cascabillo. Es decir que lo habían matado, al pobre infeliz. En efecto, al día siguiente leía yo que fue asesinado por resistirse a un atraco. El cascabillo estaba allí, en el suelo, con toda su honra de cascabillo. Sólo quisiera hacer notar que el cascabillo no miraba al muerto. Que el muerto no me miraba a mí. Que yo no miraba a la señora indígena que estaba pidiendo limosna en la pasarela. Que la señora indígena pidiendo limosna no miraba a su hijo torvo, sucio y sonriente, pero su hijo, ése sí, nos miraba, de algún modo, a todos. A todos.


(Columna publicada el 11 de agosto de 2005.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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