'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Ciudad sin sur



El maletín.– Por la mañana, preparas el maletín. Vas en el carro y el maletín te acompaña. Llegas a la oficina, el maletín yace a tus pies. Luego te sientas a comer con el maletín en la silla. Te preguntan qué hay en el maletín: «nada», respondes. Pero hay algo en el maletín, de hecho, algo innombrable, algo precioso. Y si consigues terminar la jornada, es solo por la ilusión que te da eso que llevas allí dentro. Vuelves a casa; abres, por fin, el maletín: ahí, chiquitito, estás tú, abriendo el maletín. 

Nadan peces por tu sangre.– Nadan peces por tu sangre, traspasando espejos y membranas. Mil y un peces van de estación en estación, entre los pedazos brillantes de tu furia. Desde aquí hasta lo íntimo, hasta la última caja –la que solo tú has visto. Son peces bellos y te merecen y yo apuesto por esos peces que navegan en tu sol líquido, que no son para nada ajenos a tu magnificencia y a tu forma de vivir tan libre, exclusiva y salvaje. Los demás no tenemos peces así, pues somos todos muy mediocres. Nos ocultamos en nuestras ruinas, en nuestros graneros ya sin gloria. Lo mucho que daríamos por tener un par de peces de esos paseando en nuestra propia sangre rala, y sentir que algo vive en nosotros.

Por los centros comerciales.– Hemos vagado por los centros comerciales: lo hemos hecho ya durante trescientos años. Somos las tribus circulares de las vitrinas. Nuestra ocupación primordial es pedir un millón de veces la misma taza de café, y hablar, hasta vomitar, de esa persona que en realidad ignoramos si existe. Nada nos saca de nuestro aburrimiento. Ya olvidamos lo que eran los jardines, el mundo externo. ¿Qué nos depara el futuro? Solo tiendas y tiendas y ropa que nunca nos queda, y un Reverendo en el food court predicando con voz estentórea las últimas ofertas.

Ciudad sin sur.– ¿Es posible escapar de este lugar? No. Esta membrana delgadita que me recubre no lo permitiría. Tampoco lo permitirían los amables cenobitas. Ni los reyes paralíticos me lo van a permitir. A veces pienso: ojalá hubiera muerto en el vientre de mi madre, así sería un viajero de la muerte. Ahora estoy condenado a residir en esta ciudad sin secretos, esta ciudad de tedio, esta ciudad sin sur.

Pesadillas de la Nave Espacial.– La Nave Espacial sigue teniendo pesadillas. En sus pesadillas ella nunca llega a su destino, sea porque una lluvia de meteoros la golpea, o porque es atacada por un vehículo alienígena, o porque se da una falla masiva en su sistema. Los tripulantes, ya conscientes de los delirios de la Nave Espacial, han solicitado a Central una solución o terapia que pueda escamparlas.  Mas Central, por alguna razón, no responde. Algo que la Nave Espacial soñó la otra noche.


(Buscando a Syd publicada el 1 de febrero de 2018 en El Periódico.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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