'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Plástico y espuma



Camino con los brazos cruzados por la espalda, cual Napoleón en Santa Elena. Camino sobre la arena muda de Monterrico, mientras el atardecer me ofrece su decorado rosado, como un gigante carcinoma.
           
El momento, se diría, es propicio para contemplar el espectáculo corcovado de las olas, pero lo que termino contemplando son los poderes del plástico. Plástico que se ha depositado a lo largo de la playa, y que el océano expele y engulle rítmicamente, como un borracho que arrojara y tragara su propio vómito.
           
No me refiero a una bolsa por aquí, a una botella por allá. No. Estoy hablando de una franja solazada, tetona, cortesana, licenciosa, libertina, caberetera y prostibularia de residuos vagamente domésticos. Estoy hablando del perfecto concubinato del asco y el mar. 
           
Y tengan en cuenta que aquí me limito a señalar lo más corpóreo, lo más exotérico, lo palmario. Tendría que agregar, si fuera más inclusivo y cabal, la contaminación industrial, e incluso la radioactiva, que ya en toda evidencia habrá tocado costas chapinas, cortesía de Fukushima.
           
El momento, se diría, es propicio para tomar la actitud estentórea del indignado, y promocionar grandes reflexiones al respecto: «¿Pero qué hemos hecho con nuestra exquisita morada?»
           
Por supuesto, no pasaría de ser histrionismo y molierismo de mi parte. En realidad, nada de esto me asombra, y quizá ya ni siquiera me importa. El destino irrevocable de todos nuestros pseudoparaísos –que aparte de ser cunas de atracos, violaciones de todo orden, horribles accidentes y episodios sociales violentos– es la completa extenuación ecológica.
           
Algunos ingenuos –oh hasta qué punto lo son– creen todavía que podrán revertir este ominoso proceso. Lo cierto es que el muerto ya no tiene ningún pulso, aún si por partes continúa rosadón. El momentum viene ya demasiado crecido. Es como un tráiler loco y sin frenos por la carretera indiscernible.
           
Otra historia sería si, en lugar de medio propagar una consciencia y una cultura ambiental de escuelita, hubiéramos diseñado partidos verdes y estructuras de legalidad, al servicio de la savia, que pudieran darse a respetar. Si hubiéramos gravado nuestros hábitos deletéreos de consumo. Si hubiéramos minado los privilegios veleidosos que reinan sobre la vida misma.
           
Otra historia, en efecto, si hubiéramos esquinado a todos los coyotes congresiles que ceden el país a un empresariado cínico, sin ética atmósferica. Si hubiéramos expurgado a todos los mierdecillas departamentales que transan nuestras aguas y francos paisajes. Si hubiésemos embrocado a tanto cabrón narcocuatrero que continúa talando jovialmente las selvas, mermando a gusto la república de la fotosíntesis.
           
Pontifico por pontificar, como ya dije, porque yo creo que todo esto ya se fue para la pura verga. Y no hablo meramente de Guatemala. Lo que nos queda, en términos de especie, es morir con alguna dignidad y decoro, elementos que necesitaremos especialmente cuando vengan las hidroguerras y las hambrunas.      

En todo caso, siempre quedará la opción de avanzar, con los brazos cruzados por la espalda, hacia el mar de Monterrico, para así ahogarnos entre el plástico y la espuma, ante el penúltimo atardecer.

El momento, se diría, es propicio.


(Buscando a Syd publicada el 22 de junio de 2017 en El Periódico.)


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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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