'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Trabajar en paro

1. Caminaba por la calle el otro día, y me fijé que había un serotal haciendo cola, cola que daba la vuelta a la cuadra. Parecía una de esas colas para sacar los penales, pero de hecho la onda era para una entrevista de trabajo. Es lo que toca a los que no poseen –no poseemos– los medios de producción. En la gran orgía demográfica, unos muy pocos se han champanizado y faisanizado la existencia, y el resto no tiene ni para comprarse el último cigarro. Los trabajos se desplazan veloz y viscosamente muy lejos de nosotros. En estos lares, ya ni digamos. No es por gusto que la mara va a morirse a los desiertos. Es porque se está muriendo de hambre. Pero el hambre ya tiene su muro, y la recesión económica le está haciendo camita a unos karmitas espantosos.
           
2. Por estos días he estado  bastante pisado de trabajo. Conmigo el problema es que vivo trabajando en tierras ajenas –haciendo aparcería, pues– y eso es siempre una mala idea, tirando a pésima. Del periodismo es ya imposible vivir, aunque del mismo se puede morir de muchas maneras. Ya las oportunidades de conseguir una página honesta y remunerada son bastante nulas. Eso me ha hecho moverme a otras zonas laborales. Pasa que la pelusilla corporativa y publicitaria rapidito le saca a uno las alergias. Y eso de estar haciendo corte a los patricios y los cuadros de marketing... ni hablar. Ultimadamente le hago huevos, claro, pero a una persona como yo, subnormal para el networking y todo, es más bien empinado. ¿Qué hay de sus libros?, me preguntan los inocentes. Con mis regalías de mis libros yo no compro un libro. Parece que estoy exagerando, pero no. Si no pongo números es porque me da vergüenza. Así pues, en la parte creativa, la cosa no pasa de concursos literarios (que han experimentado una significativa entropía) y becas, que no son otra cosa que una forma sofisticada de caridad cultural.
           
3. Problemas laborales los he tenido desde siempre. La vida del redactor viene por ciclos de miseria. Aún viniendo del sector privilegiado de la población, y gozando activamente de esos privilegios, me ha cargado, como se dice, candanga. Termino vendiendo nimiedades en portales digitales.
           
Lo bueno es que cuando uno ya no sabe cómo va vivir la próxima semana (o la presente, para el caso) empieza a huevos a ponerse creativo. Como yo lo veo, el trabajador del mañana –es decir, de hoy– ya no podrá limitarse a ser alguien que cumpla una función predeterminada, sino de plano tendrá que asumirse como un diseñador de posibilidades laborales. Los laborantes actuales son criaturas más que nada mutantes, que nada tienen que ver con aquellos monigotes fordianos del siglo pasado.
           
Los trabajadores, si quieren sobrevivir en estos tiempos, deberán convertirse en seres muy panorámicos y visionarios, capaces de diseñar productos y servicios relevantes, y dotar todo eso de identidad, operatividad, organización, comunicación, gestionabilidad. Se ve que no es poca cosa.
           
Pero además las leyes de la cacería laboral hoy se benefician de ciertos principios. Una de ellos es el principio de la independencia, que nos libera de la dependencia compulsiva. El enfoque dependiente tiene por supuesto toda suerte de virtudes… ¡siempre que efectivamente exista! Una cosa que te da el freelanceo es que estás siempre sin trabajo, en cierta manera, ese es tu modo default, y con un poco de inteligencia, aprendés a operar en ese modo, sin que la pálida te congele. Lo escalofriante es cuando esas personas que viven totalmente subordinadas –y que se han endeudado grandemente en base a esa subordinación– pierden el brete.
           
No endeudarse es una buena idea. No amarrarse es una buena idea. No centralizarse es una buena idea. El modelo aquí es más bien móvil, desmontable y es dinámico. Se precisa el olfato del ciego y la sed del lazarillo. También la flexibilidad del taoísta y la mutabilidad del caoísta. ¿Para qué encerrarse en títulos y roles fijos? Por supuesto que la identidad laboral es importante, pero hoy semejante identidad demanda más bien hibridación y la hibridación desindentidad, que libera opciones intrigantes. El secreto es interseccionar habilidades, en un mundo que reclama cada vez más especialización y diferenciación. Es la guerra a los encuadres profesionales comoditizados y salitrados y monolíticos. La auténticas necesidades y oportunidades y sincronicidades competitivas se hallan en los entre–estados laborales, en la crepuscularidad del mercado, en los márgenes. Quizá el Tercer Mundo es el mundo de la oportunidad y ventaja, contrario a lo que creemos. Menos mal que muchas personas del Primer Mundo no se han dado cuenta de que aquí existen tantísimas alternativas intocadas –o solamente tocadas por la mediocridad– porque de lo contrario muchos locales ya estarían sin trabajo.
           
Pero lo cierto es que ya lo están. Y de eso va esta columna. Trabajar en un mundo parado, trabajar en un mundo en paro, será para todos uno de los mayores retos del siglo veintiuno.


(Buscando a Syd publicada el 16 de febrero de 2017 en El Periódico.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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