'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Puertas


Una cosa sé de las puertas. Sé que se abren y que se cierran, todo el tiempo. Tal es su cultura, su manera de ser.
           
Unas son monumentales, otras chiquititas, como las de Alicia; unas bellas y otras chuecas; unas cuadradas y otras octaédricas; unas convencionales, otras son como portales alien; unas, ya se sabe, puertas al cielo, otras van directamente al infierno; las hay que se abren y cierran muy poco, pero otras no cesan de funcionar, porque son puertas fecundas. 
           
Lo que de plano tienen en común estas puertas es que se abren y se cierran. Desde el exterior, desde el interior, o desde el exterior y el interior.
           
Puertas: he abierto y he cerrado muchas. He tenido la fortuna de abrir una puerta y encontrar al otro lado una moneda o una nutria o el amor de mi existencia. Han sido experiencias muy dignas de ser vividas. Por supuesto, me ha ocurrido también que he abierto una puerta y del otro lado no había nadie, solo nada: una nada esbelta y escarlata.
           
Confieso que también he cerrado puertas. Discreta y leve y afelpadamente, o bien de un portazo (era la única manera). No pocas veces me cerré una puerta a mí mismo. Así, por ejemplo, puertas laborales. Mato mis contactos, me peleo con todos, un desastre. Desde luego he abierto y cerrado puertas a otros. Cuando era adolescente cerraba la puerta de mi cuarto, que era como cerrar la puerta de mi mundo, y del otro lado quedaban los que no importaban, que eran todos. Cerrar una puerta en este caso era como implosionar.
           
Se ha visto que hay países enteros que implosionan. Una forma de cerrar una puerta es poner un muro. Trump, más del infierno de lo que incluso creíamos, parece que está cerrando muchas puertas.
           
Por supuesto, otros me han abierto y cerrado puertas a mí. Y yo he quedado afuera o he quedado adentro, según el caso.     
           
Pongamos que me quedé afuera. Entonces exijo que me dejen entrar, que me digan qué está pasando ahí adentro. Otras veces ya ni me importa y ya ni pregunto. Y sin embargo en algunas ocasiones hay que ver qué onda. Peor si son funcionarios los encerrados. Esos víboras.
           
No sé si ustedes tienen clara la función de una puerta, pero básicamente es para dejar entrar y para dejar salir, y para no dejar entrar y para no dejar salir. Todo depende del grado de disponibilidad de la persona que está a cargo de la puerta.
           
Cerrar y abrir puertas es una ciencia y un arte y por momentos un misterio. Puertas, por ejemplo, que se abren y se cierran simultáneamente, cuánticamente. O bien eso que contaba Rumi de que tocaba y tocaba para que le abrieran, para luego darse cuenta que había estado tocando desde dentro.
           
Muy valiosas, las puertas. Yo me he enamorado de muchas de ellas, que por supuesto son entes, son personas. ¿Qué haríamos sin puertas? ¿Saben ustedes que hay universos en donde desconocen el concepto de puerta?
           
Hay desesperados que quieren cerrar la puerta de su existencia. Con lo cual procedo a explicarles que el espacio que hay antes y después de toda puerta es irrevocablemente el mismo. Eso los calma, o los desespera aún más.
           

(Buscando a Syd publicada el 9 de febrero de 2017 en El Periódico.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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