'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Gt (63)

Gt fue un proyecto publicado en mi columna Buscando a Syd, a lo largo de un año y medio. ¿Demasiado largo? Como yo lo veo, Buscando a Syd es la clase de espacio editorial que autoriza esta clase de desproporción o desmesura. De otra parte, en ningún otro lado sino en Guatemala y en El Periódico podría uno publicar una seguidilla temática de más de sesenta columnas sin que nadie –ni un editor, ni un solo lector– ofrezca una palabra de disentimiento. Pero eso, de hecho, es lo hermoso de Guatemala y de El Periódico: tenemos una forma personal de hacer las mierdas.
           
Sé que el trabajo fue medio pesado para un lector de columnas, que evita en ellas la maldición de lo inacabable. Y eso que procuré conservarlo sintético (en realidad estas columnas no han sido sino notas para un hipotético ensayo, de más ambición, que será o no escrito más adelante).      

La verdad es que muchas de las descripciones no pasaron de ser suscintas pinceladas. Así pues, pude haber dado algo más extenso, más monstruoso. Pero el jovial abuso tenía que detenerse en algún lado. Por demás, traté de hacer que el trabajo rimara con el formato columnístico, por tanto que cada sección del ensayo pudiera ser leída como una columna individual. Muy a menudo tuve que cortar las secciones respectivas para que cupieran en 1,700 caracteres, que son los caracteres que tengo disponibles en Buscando a Syd. Por cierto, todo el trabajo –con sus secciones ya completas– fue subido a un blog cuya dirección es estoesgt.blogspot.com.
           
Diré que no es lo mismo leerlo de poco en poco que de una vez y por completo: invito al lector a que lo haga también de esta manera. Por demás, dudo que haya alguien que haya seguido la secuencia entera hasta aquí, jueves a jueves.
           
Si me tomé la libertad de escribir un proyecto así de dilatado para un formato de columnas fue porque el tema me pareció trascendental: el de nuestra identidad guatemalteca. A los ocasionales lectores extranjeros ojalá les haya servido para conocer algo más del llamado chapín, y mejor aún, para hacerse preguntas sobre su propia idiosincracia. La verdad es que no sé si este trabajo en realidad ayudará a alguien, alguna vez; a mí en todo caso me hizo mucho bien tratar de entender esto que, a mucha honra, soy.

Por ningún lado he visto un acercamiento de veras estimulante a lo que es ser guatemalteco, y sobre todo a lo que es ser un guatemalteco sano. Naturalmente, las conclusiones a las que arribé no están escritas en piedra. Invito encarecidamente a otros a que saquen las suyas.
           
Este fue un trabajo que hice, como se dice, por amor a mi país. De más está decir que estas conclusiones fueron hechas con el objetivo de privilegiar el conjunto de guatemaltecos, no para beneficiar ninguna agenda particular (por ejemplo política o publicitaria) que no contribuya con la Espiral Nacional.


(Buscando a Syd publicada el 14 de mayo de 2015 en El Periódico.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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