'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Gt (55)

Para no perder el humor, ser políticamente incorrecto es completamente necesario.

El asunto es no pasarse. O bien pasarse, pero con sabiduría y diseño, para que luego no hayan secuencias y consecuencias estúpidas, perder la vida es un ejemplo. Ser irreverente no es ser inconsciente, irresponsable. Hay que ser responsable de la propia irreverencia. No podemos ser como los niños, y creer que nuestro humor flota por encima de los karmas.
           
Hace un tiempo escribí una columna en dos partes llamada Humores que matan (encontrable en este blog) y allí dije:
           
“La ironía patológica se vuelve a menudo conductora de un statu quo. Pasa por libre, sí, pero es reaccionaria, sirviendo agendas inconscientes, incluso conscientes, de agresión, defendiendo determinados centros fríos, en el interior de las personas y colectivos. Podemos aceptar un poco de guasa y bullying, siempre y cuando no sea gratuito, y surja en el contexto apropiado. Pero sin olvidar que, cuando todo haya sido milimétricamente ironizado, lo único que quedará es una gran risa retorcida, en un estéril osario.”

El posmodernismo trajo valores increíbles, pero también trajo un lado furiosamente narcisista e inmaduro a nuestras relaciones intersubjetivas. ¿Cómo es que, cuando los platos se quiebran, la culpa resulta siempre exclusivamente del otro, esto es: del Tirano, del Prelado, del Oligarca, del Comunista, del Presidente, del Narco, del Sicario, o quien sea la figura del momento en la cual estemos depositando nuestras frustraciones sociales?
           
Una posición cuyo locus externo no solo no quiere ver la propia responsabilidad en la estructura general del problema cultural a resolver, sino que además se vuelve convenientemente dictatorial en su modo de señalar culpables. No es cuestión por supuesto de eximir a estos sujetos sociales de toda culpa, cuando la haya, sino de preguntarse si no se necesitan dos para bailar el tango, o como se dice, si no tenemos el gobierno–realidad que nos merecemos.
           
A menudo tiramos la piedra y luego escondemos la mano, y además con el cartelito conveniente de la libertad de expresión colgado beatíficamente del cuello. La responsabilidad, no obstante, es interdependiente, y es universal.


(Columna publicada el 5 de marzo de 2015.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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