'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Despacio


La vida de prisa es sufrimiento. Para muchos termina en burnout, o infarto del miocardio.

La celeridad obligatoria nos priva de la salud y del éxtasis. Pero cuando anteponemos el proceso a la acumulación, la magia toca el timbre. La premura nunca es la mejor condición para el rendimiento. Ni para la conexión: las personas superocupadas a menudo son personas irascibles, o entidades ausentes.

Si algo no es commodity es el tiempo, por tanto hay que vivirlo despacio, despacio. La filosofía slow nos invita a migrar del tiempo encadenado al tiempo creativo, el único tiempo en donde podemos conocernos a nosotros mismos, y conocer la realidad. Lo lento es lo significativo. Atención plena; acción sensible. Al correr como ratas, más pronto que tarde nos pegamos un cachimbazo. En lugar de tirarnos compulsivamente a lo que sigue, procuremos morar en el gozo intacto de lo que se expresa ahora. Mirarse el ombligo no es mala idea. No tener internet en el móvil no es mala idea. No tener muchos hijos no es mala idea. El movimiento slow toca la vida en innumerables áreas: comida slow, urbanismo slow, trabajo slow, sexo slow, crianza slow, arte slow…

Nos dicen que la perseverancia indetenida es buena: nos meten la idea de que ir más despacio es imposible: si te lo crees, estás perdido.

No se trata de convertirse en lánguidos zombis, sino de generar una ética en base al ritmo consciente. La velocidad aplicada al consumismo será nuestra sentencia de defunción. Si no reaprendemos a vivir más despacio, en un par de cientos de años este planeta será un yermo.


(Columna publicada el 24 de enero de 2013.)

2 comentarios:

Alfred Kaltschmitt dijo...

Hola Syd,
Es cierto. El cáncer de la guerra es una metástasis, que no una red consanguínea corpórea. En la que, ajena a la cabeza surgen tumores individuales. Es el tumor el responsable? O el cáncer ?
Difícil.
Si la cabeza rechazo la enfermedad, la trato, la combatió en voz en ordenes en políticas anticancerosas es inocente. Si por el contrario la gesto y promovió, es geno sida....

Alfred

Sex Shop dijo...

Muy buenooooo!!!!!!

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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