'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Cielo de nadie

Si algo gusta de Amos Oz es que siendo un intelectual en verdad sensible, a su manera un pacifista, no es tampoco un repartidor de primaveras falsas, ni niega absolutamente la guerra, a veces necesaria. Detesto esas fotos de facebook –de seguro montadas– en donde un niño palestino y otro israelí van abrazándose, ungidos de armonía. Sobre todo, tener cuidado con las lágrimas de cocodrilo. Y aquí estoy pensando en un video de Norman Finkelstein que vi la otra vez, en donde se defiende de una joven lacrimosa que pretende devaluarlo ante la audiencia, con el naipe –a veces oportunista– del Holocausto. Si a alguien le han pintado en su pared Profi, boged shafel! (¡Profi, vil traidor!) –como al personaje de Oz, en Una pantera en el sótano– es a Finkelstein. En esa línea iba la columna de Galeano la semana pasada: “¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad?”. Yo –que respeto profundamente el judaísmo– tendría más respeto por el Estado de Guatemala si neutralizara de una buena vez por todas esa lealtad atávica que lo vincula a Israel. Y con ello no cierro los ojos a los terrores hamasianos ni al peligroso y levantisco pull gravitacional del Islam integrista (sé bien de donde ha venido el mayor foco histórico de persecución a la religión que, cada cierto día, practico: el budismo). En el fondo se trata de evitar a toda costa la eurosentimentalidad, que cae a menudo en modalidades de “compasión idiota”, y evitar por otro lado el rígido fanatismo maniqueo que nos está saturando nuestro buen cielo de nadie con incontables misiles asesinos y secciones chamuscadas de patojitos muertos.


(Columna publicada el 29 de noviembre de 2012.)

Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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