'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Un escritor de relámpagos… Es lo que soy... Maurice Echeverría



Amniótico

El fin de semana fui utilizado de sparring por uno de esos virus que son diseñados y liberados cada dos-tres meses por una muy notoria empresa de pañuelos desechables desde su laboratorio secreto de terrorismo biocorporativo presumiblemente localizado en el Cáucaso septentrional.

Ya saben: uno de esos virus.

El horror como fiebre. Como si el mismísimo Agní, dios védico del fuego, me estuviese devorando los tejidos con su llama.

A ratos dormía, para luego regresar a la consciencia en sudor helado, luego me despeñaba nuevamente a un estado aceitoso de irrealidad y delirio.

Soñé por cierto con Otto Pérez Molina; que estaba jugando básquet con él. Y yo le preguntaba por sus anteojos. Y él me respondía: «Es que me operé con láser».

Y en ese momento caí en cuenta que Otto Pérez no era el de los anteojos. Y allí mismo abrí los ojos, en la tiniebla del cuarto.

Decidí llamar a la farmacia, para pedir a domicilio algo que me bajara la fiebre. Mientras aguardaba al motorista, me recosté, pensé en Lucía, en los encapuchados, en todo esa cosa fea de Pana.

Si fuera residente en Pana –y lo fui hasta hace poco– y estuviera enfermo, me encontraría en un estado de paranoia relativamente avanzado. Ya de por sí me pongo perturbado siempre que me sube mucho la temperatura. Pero la perspectiva de que una cuadrilla teledirigida de minutemen pueda estar detrás de mí o de cualquiera –y no precisamente para tomarse un café en el Crossroads– es una condición cooperativa bastante rotunda como para que aumenten las vibraciones de miedo a niveles yo diría desagradables.

Atizadas por la mórbida fiebre, alucino con imágenes de cadáveres suspendidos en el frío líquido amniótico del lago.

Es terrible.

Pana ya no nunca será igual.

Tocan el timbre: debe ser el cuate de la farmacia. Por un momento, tengo miedo de abrir: ¿y si del otro lado de la puerta hay un encapuchado nazi listo para abrirme con algún fierro largo la mollera?

Respiro hondo y abro. Un regular tipo, un poco jetudo, pero no está encapuchado. Casi le pregunto por quién va a votar –por hacer conversación– pero en el acto me doy cuenta que no quiero oír la respuesta, cualquiera que sea.


(Columna publicada el 3 de noviembre de 2011.)

Como periodista, trabaja actualmente para los diarios locales El Siglo XXI y El Periódico, en donde desde el 2002 escribe una columna semanal (Buscando a Syd), y donde también trabajó durante varios años en la sección cultural. Asimismo mantuvo columnas permanentes de opinión de cine y literatura en los diarios El Quetzalteco y La República, y ha colaborado en diversas revistas, fanzines y publicaciones del medio.
 
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