'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El poder sin límites

Ninguna institución, persona o partido debería de tener poder más allá de ciertos límites, en el espacio o el tiempo. Hay que compartimentalizar el poder. Es sentido común.

El problema es: ¿cómo fijar tales límites, cómo establecer, por tanto, la discontinuidad del poder? ¿Y hasta qué punto es posible tal cosa? ¿No tiene el poder siempre algo de indivisible, eleático?

Una mente madura sabe que el poder no surge ex nihilo. O dicho de otra forma, el poder siempre proviene del poder. Si yo soy candidato a la presidencia es porque ya tuve acceso a una esfera de influencia, bien sea en el ámbito corporativo, militar, político, religioso, artístico o el que fuere. ¿Es eso inherentemente malo? No. De hecho, necesitamos a funcionarios que hayan tenido previamente alguna clase de autoridad. Un novato no puede dirigir un país.  

Pero el trasiego de poder tiene que darse en condiciones de laboratorio. Lo cual va más allá de tener los papeles en orden. 

Es insuficiente que el DPI de Patricia de Arzú sea distinto al DPI de su esposo, por decirlo así; es insuficiente que Sandra Torres no esté de hecho casada con el actual presidente; insuficiente que Harold Caballeros no sea en rigor un ministro religioso. Puede que no haya continuidad de poder a nivel formal, apariencial: ¿pero cómo funciona eso a nivel implícito? (La cosa se vuelve más compleja cuando nos damos cuenta que ese trasvase de poder discreto ni muy siquiera requiere de la complicidad consciente ni mala voluntad del candidato o agente de la transferencia.)  

Fijar la discontinuidad del poder formal es ya de sí un asunto difícil, y supone la implementación de esclusas constitucionales, legales y burocráticas muy precisas.

Más difícil es fijar la discontinuidad del poder implícito. Pues siendo tan real como el otro, es difícilmente verificable en términos objetivos. Todos sabemos que está allí, hablamos de él, ¿pero cómo asir este fenómeno, científicamente?, ¿cómo llevarlo más allá del plano de la apreciación subjetiva y la interpretación?, ¿cómo reconocer su existencia sin proyecciones partidistas? Aquí los criterios se vuelven borrosos. La posibilidad de un consenso, casi imposible.


(Columna publicada el 11 de agosto de 2011.)           

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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