'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Céline en la trinchera

Enorme polémica en torno a Céline, a cincuenta años de su muerte. Y es que Céline representa la gran tensión y crisis laica: ¿cómo vamos a tolerar a los intolerantes? Y más difícil: ¿cómo los vamos celebrar?

La paradoja Céline sigue desvelándonos. Está el Céline que recibió la medalla militar en la Primera Guerra Mundial y el que se alineó con el gobierno de Vichy. Ese Céline a quien le negaron el Goncourt y a quien otorgaron el trono impreso en la Pléiade. El mutilado de guerra y el delator. El doctor de los pobres y la desgracia nacional. El que amaba sus animales (del mismo modo que Hitler quería a sus perros) y el que escribió los sórdidos panfletos. El pacifista y el excrementicio. El revolucionario y el carca. El genio de la catarsis y el solipsista desflecado. El estoico y el que iba por la vida victimizándose, patológicamente. El cruel sociópata y el formidable pintor de la condición humana. El trabajador vitalista y el deprimido aplastado. El cruel a consciencia y el artista sensible. El genio de la lengua francesa y aquel que detestaba, de la manera más salitrosa posible, a Francia.

Quizá la contradicción más intangible de todas es su connivencia desoladora con los nazis. Y no obstante encontraremos consistentemente en sus libros una ironía y un espíritu que desarticula cualquier forma de totalitarismo. En este sentido, Céline no solamente es un fenomenal estilista de prosa esperpéntica: es un poderoso enigma moral.

Sabemos que palpó largamente con sus manos huesudas la ballena muerta de la civilización, mientras ésta se descomponía en una inacabable trinchera de cadáveres. Su siglo fue el de la masacre cósmica, de quien fue un comprometido testigo ocular. Aquellos que buscamos a Céline con todas nuestras células notamos cómo éstas se iban pudriendo a medida que le íbamos leyendo. Vómito en flor. Flor en pústula. Céline no es lectura apropiada para personas con nervios ambiguos. Ni tampoco para funcionarios europeos que no quieren que se les corra el rímel.


(Columna publicada el 14 de julio de 2012.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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