'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El ojo en la pantalla (1)

Y es obvio que la tecnología ha traído toda clase de néctares a la especie humana. Que traerá muchos más. En lo persona, estoy convencido de que las redes sociales, por dar un ejemplo, constituyen una fase pretelepática del ser humano. La tecnología como un portal a lo indecible.

Pero cuánta sombra hay en la tecnología, a la vez.

Mi generación –yo nací en el ´76– fue/es una generación interesante por el hecho de ser una generación transicional, en más de un aspecto. Por ejemplo, me tocó tener una infancia sin consola y una infancia con consola. Dos infancias. La enorme suerte de haber sido por un lado un bon sauvage y la de entrar luego en el tecnomandala en el cuál nos hallamos actualmente sumergidos.

Mi primer aparato de videojuegos fue un magnavoz. Mi primera compu una Epson extremadamente primitiva –un rollo de papel toilette tenía más memoria ram que aquel armatoste (¿no había que introducir el diskette de DOS para arrancarla?). Sé bien lo que es vivir sin un celular. De hecho, por mucho tiempo, me resistí a tener uno, y estoy orgulloso de ello. Por demás, vi como nacieron las redes sociales, que es lo más cercano a presenciar el nacimiento de una cosmogonía.

Si he de decir cómo viví la masificación de la informática diré que se presentó en mí como una ansiedad. Ni modo: se trataba de un reenfoque relacional tremendo, un terreno totalmente nuevo. No era la informática lo nuevo, obviamente, pues ésta ya existía. Lo era la claridad –la urgencia– con que se estaba cristalizando la tendencia hacia lo hoy llamamos posthumanidad, con toda clase de retos emocionales, cognitivos, conductuales. Todo nuestro sistema de intercambio con la realidad estaba siendo redefinido. Personas de generaciones anteriores a la mía ingresaron a un estado de tecnofobia, de la cuál les costó mucho salir o no salieron: como aquellos ancianitos cuya casa está a punto de ser demolida, y optan por morir entre los escombros.


(Columna publicada el 27 de enero de 2011.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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