'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Call center

En la calle, hay un grupito de personas, cinco, seis, todas trabajan en el call center, todas han salido básicamente a fumar. El asunto es fumar, distenderse un poco. Un receso, antes de volver a ingresar al edificio, establecerse en el lugar establecido, y repetir el ritual de unir las palabras de un modo mecánico y servicial para alguien que vive en un país más rico y cuya vida sobre todo ignoran, pero intuyen; para alguien que pregunta algo, declara algo, y exige algo, circularmente.

Así que son cinco, seis; ensayan una carcajada fértil, liberadora: se adivina que alguno entre los presentes ha contado un chiste, con éxito. Y ahora una chica –es tan joven– está saliendo por la puerta, y saluda al guardia, le dice: “¿Qué pasó, poli?” Lo ha dicho sin demasiada condescendencia, inclusive con algún cariño, pero sin la posibilidad de un contacto humano auténtico –cosa que ambos, tanto ella, como el guardia, saben. La chica se une al grupo, saca a su vez un cigarro, pide fuego, en poco tiempo está riendo, con los demás.

Pero no es ella quien realmente nos interesa, no: es otra chica, que de hecho no está en el grupo, está más lejos, sola, del otro lado de la calle. Y habla por teléfono, y por alguna razón está llorando. ¿Conversa con un amante que ya no la desea? ¿Estará recibiendo noticias hiperbólicas, digamos trágicas? ¿Acaso le comunican que su padre tiene cáncer, que su mejor amiga murió en un confuso accidente de carro? La chica vindica, solloza, no se anima a decir nada, pero casi grita, de pronto. Este momento, de incontrolable dolor y belleza, parece no terminar nunca.

Y sin embargo, pasados unos diez o quince minutos, el momento ha terminado. La chica se arregla el rostro, recobra la compostura, entra al edificio (y el policía la mira como queriéndole decir algo, pero no se atreve) y la chica procede, como todos los días, a contestar llamadas, en el call center.


(Columna publicada el 20 de agosto de 2009.)

1 comentario:

El Guille dijo...

es un gran contraste el que lográs al contraponer las llamadas muertas que hacen rutinariamente en el call center, y la llamada tan emotiva que tiene afuera del edificio .... me ha parecido un tanto triste ...>.<

saludos ..

Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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