'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Password

En estos días, uno llega a acumular una cantidad notable de claves para entrar a un montón de lugares cibernéticos, que son como habitaciones en una larga casa inagotable. Una aventura tipo Lara Croft. Entrar a messenger, a skype, a hotmail, a blogger, a hallmark, o a donde diablos se les ocurra: todo eso requiere de un protocolo de login. A la entrada de todos esos lugares, y miles más, hay una esfinge, con la misma pregunta gris, una cierta mirada preceptiva y estoica.

Pero uno tiene mala memoria, entonces lo más fácil es anotar todos los passwords en una hoja de papel. Le sigue a ello la paranoia sucedánea: ¿y si me roban la hoja de papel? No queda más que mandar a pedir una caja fuerte, vía Internet, digamos vía amazon (otra vez la esfinge, con su presencia catedralicia) y una vez recibido el venerable objeto, proceder a colocar la lista dentro.

Naturalmente, la caja fuerte también necesita de una clave, una especie de clave sombrilla, o metaclave, una clave que me permita acceder a todas mis claves. Semejante información, que a estas alturas ya está preñada de una cierta aura demiúrgica, como el Tetragrámaton, queda anotada, ella también, y prolijamente, en otro pedazo de papel. Se trata, pues, de buscar un lugar en la casa en dónde pueda guardar este secreto templario. Luego de tres horas y treinta y dos minutos, finalmente, uno encuentra un lugar tan remoto, tan perfecto, tan hermético, que pasarán los siglos antes de que alguien pueda encontrarlo, y utilizar esta sagrada información.

Hace unos minutos he ido a traer la bendita hoja de papel. Por un momento, mientras lo hacía, me he sentido observado. Lo cual, en rigor, es imposible, puesto que no hay nadie en casa. Pero entonces, ¿esos ruidos?


(Columna publicada el 8 de febrero de 2007.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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