'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Mixiones (II)

Me sucede. Escribía y me quedé de pronto sin nada en la cabeza, levemente, vagamente hastiado, un momento en apariencia insignificante, casi precioso. Quería seguir escribiendo; no tenía energías. En estos casos conviene dejar el asunto en paz. Encendí el televisor: nada. De pronto pensé que estaba aburrido. Antes, en la infancia, creo, el aburrimiento era un sentimiento más bien horrible, un poco sórdido. Yo quería agotar las posibilidades, pero las posibilidades estaban simplemente agotadas. La tarde borrándose; capitulando; era domingo; al día siguiente había que ir al colegio...

El otro. Lejos, casi a tiempo, un hombre preocupado dice para nadie una palabra íntima. Esa palabra o su ruido es el primer pájaro; en su manera de nacer chocan innumerables olas. Nadie lo sabrá lo suficiente, posiblemente nadie nunca lo sabrá, pero el pájaro vuela hasta desangrarse –como si apenas tuviese importancia, como si flotando en la nada, que es el aire que Dios respira, nada tuviese importancia–. Y lo hace sin tomar en cuenta el juicio de las constelaciones, el majestuoso equilibrio del sapo, la calle, el otro hombre.

El mercenario. Hay personas con ideas nobles, valores, amor genuino a su país, respeto a ciertas instituciones, la familia, etc. Yo a veces llevo semejante equipaje, pero sólo a veces, es decir cuando me conviene. Soy un mercenario: me vendo al mejor postor. Lo único que me interesa es quedarme con una tajada del pastel, con un momento del tesoro, y aquí se entiende que hablo del tesoro de la poesía. Es cierto que en ocasiones la belleza está en el centro mismo de la moral, pero no siempre es así. De hecho, muchas veces resulta mejor sacrificar el sobrepeso ético para poder ascender hasta los confines aéreos de la belleza, esas parcelas increíbles y raras.

(Columna publicada el 29 de mayo de 2003.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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