El Sueño Mundialista
El triunfo del sábado por parte de la Selección no deberá ser atribuida propiamente a la Selección, sino a un verídico –aunque de hecho anónimo, lo cuál es lamentable, pero muy pío, eso sí– aficionado cuyo nombre es Leonel Godínez. Aunque en el fondo no es Godínez el héroe de la gesta, sino, más precisamente, Satanás.
Vayamos poco a poco. Godínez era un adorador del Fútbol. Godínez adoraba el Fútbol como otros adoran a Pascual Abaj o a Maximón. Godínez estaba dispuesto a realizar cualquier cosa por asegurar el Triunfo de su Equipo, y por ver a su Equipo llegar al Mundial. De esa cuenta, decidió venderle su alma al diablo, el sábado por la mañana.
Innecesario relatar aquí de qué manera invocó la presencia del mismísimo Chamuco (sobre todo no queremos que otros repitan su historia). Con gran teatralidad, el Maligno hizo su aparición:
–Oh, ente insignificante: ¿cómo tú, que no eres sino gente, te atreves a sacarme de la Fosa Infernal? –dijo.
Leonel Godínez le explicó que lo único que deseaba era ver a su equipo golear a esos negros de Trinidad y Tobago. A lo cuál el Maligno respondió: “Ok, pero a cambio tu alma”. Leonel Godínez lo pensó un poco. Estrecharon las manos.
Cinco goles de la Selección. El Pando Ramírez marcó el primero. Después el Pescado Ruiz hizo de las suyas. Pezzarossi brilló gloriosamente. En el Obelisco hasta los más varones lloraron, de la pura emoción. Como se desprende, Leonel Godínez no estuvo allí para celebrar la victoria. Pero eso no tuvo importancia, porque mientras un Demonio lo evisceraba, lo quemaba con aceite vivo, lo despellejaba, lo descuartizaba, o le arrancaba las uñas en una de las estancias del Taller Ardiente, él pensaba conmovido que la Selección estaba más cerca de cumplir el Sueño Mundialista.
(Columna publicada el 31 de marzo de 2005.)
Vayamos poco a poco. Godínez era un adorador del Fútbol. Godínez adoraba el Fútbol como otros adoran a Pascual Abaj o a Maximón. Godínez estaba dispuesto a realizar cualquier cosa por asegurar el Triunfo de su Equipo, y por ver a su Equipo llegar al Mundial. De esa cuenta, decidió venderle su alma al diablo, el sábado por la mañana.
Innecesario relatar aquí de qué manera invocó la presencia del mismísimo Chamuco (sobre todo no queremos que otros repitan su historia). Con gran teatralidad, el Maligno hizo su aparición:
–Oh, ente insignificante: ¿cómo tú, que no eres sino gente, te atreves a sacarme de la Fosa Infernal? –dijo.
Leonel Godínez le explicó que lo único que deseaba era ver a su equipo golear a esos negros de Trinidad y Tobago. A lo cuál el Maligno respondió: “Ok, pero a cambio tu alma”. Leonel Godínez lo pensó un poco. Estrecharon las manos.
Cinco goles de la Selección. El Pando Ramírez marcó el primero. Después el Pescado Ruiz hizo de las suyas. Pezzarossi brilló gloriosamente. En el Obelisco hasta los más varones lloraron, de la pura emoción. Como se desprende, Leonel Godínez no estuvo allí para celebrar la victoria. Pero eso no tuvo importancia, porque mientras un Demonio lo evisceraba, lo quemaba con aceite vivo, lo despellejaba, lo descuartizaba, o le arrancaba las uñas en una de las estancias del Taller Ardiente, él pensaba conmovido que la Selección estaba más cerca de cumplir el Sueño Mundialista.
(Columna publicada el 31 de marzo de 2005.)


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