'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Alguien toca

Imposible no reconocer en él una grandeza. La suya fue una vitalidad volcánica, que se distribuyó en diez mil proyectos vivos. Juan Pablo II se atrevió a salir de la poltrona papal y nos regaló un rostro y una fatiga.

Desde un punto de vista estrictamente laico, es preciso reconocerle dos créditos: se disculpó, al menos, por varios de los errores cometidos por la Iglesia a lo largo de su escandalosa historia; y defendió un cierto diálogo interreligioso (lo cuál posee un mérito humanista más que cristiano), no del todo profundo, es verdad, pero al menos había en ello una cuota de buena voluntad y valentía (se corría el riesgo de pronunciar la diáspora cristiana).

Pero es esa mezcla suya y rara de conservadurismo y expansión –más letal que un conservadurismo a secas– la que nos parece sospechosa. Esa ambigüedad es una suerte de camuflaje muy resbaladizo.

Lo malo no estriba en que la Santa Iglesia no reconozca las virtudes del anticonceptivo. O que no legitime a los homosexuales. Cada cuál en lo suyo. Si la Iglesia no acepta todo eso, pues está en su completo derecho, y es su completo problema. Pero lo que sí nos parece criminal es que invierta tanto tiempo/dinero/energía en satanizar tanto a homosexuales como anticonceptivos. Porque entonces ya no se trata de una mera opinión en el universo de las creencias: es ya una política agresiva de captación de conciencias; y ya no es una mera convicción sino una ideología con visos totalitarios.

Casi imposible generar una crítica al Papa Juan Pablo II en este clima de universal reconocimiento y complacencia hacia su persona, pero la realidad llama a la puerta. Y no precisamente la puerta del cielo. ¿Escuchan?


(Columna publicada el 7 de abril de 2005.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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