'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Mi cuate el cuete

El cuete revienta y entonces todas los proyectos del azar se descristalizan y cambian violentamente de rumbo, conversión violenta de tonos más o menos grisáceos, el gris siendo el color de la emoción pueril de toda explosión que se pueda conseguir a precio regateado aunque de igual forma escandaloso en las ventas de cuetes de la Avenida de las Américas un 31 de diciembre bajo la lluvia copiosa de la excitación colectiva.

La importancia del cuete no tiene límites. Se ve que el cuete es importante. Quemar cuetes es como tener una gran moneda de oro en el bolsillo, o una navaja con mucho filo. Un asunto de piratas.

Estaba viendo a los cocineros del restaurante chino quemar una gran ametralladora como de catorce kilómetros en el parqueo de enfrente (sus rostros lucían una cierta excitación sexual), y unos extranjeros se detuvieron a ver el espectáculo, que consiste en reproducir la inercia del silencio pero esta vez con mucho ruido. Seguramente decían los extranjeros: “Es una de las ceremonias más emotivas y estúpidas que hemos visto en vida”.

Pero no hay nada qué hacer. Pasarán muchos años antes de que puedan erradicar la quema de cuetes (no, no se llaman cohetes: cuetes). El cuete es el bestseller de la orgía–celebración. Sólo el guaro le gana en términos de fanatismo. Los cuetes son provinciales y eternos.

Cierto día, siendo patojo, me reventó un cuete en la mano, cuya piel se abrió en plan flor. Fue una experiencia desagradable, que hizo que me alejara de esta práctica espiritual cautelosamente. Es archisabido que los cuetes explotan a los niños, así en el sentido laboral de la palabra, así como en el sentido oh–me–he–quedado–sin–el–meñique–de–la–mano–derecha también. Feliz año nuevo.


(Columna publicada el 5 de enero de 2006.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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