Mestizaje o muerte
¿Y nuestro pool genético actual? La pregunta parece alienazi, pero en el fondo apunta a todo lo contrario: es sabido que nada es más saludable que la mezcla, y creo en la hibridación como única forma de trascendencia reproductiva. Es la ventana de las razas.
Dicho esto, no creo que en Guatemala el intercambio racial sea espontáneo, o siquiera exista. Cualquier mejora (por ejemplo, se me ocurre que en las últimas décadas las mujeres se han puesto más guapas) se debe a la sola inercia de la sangre evolutiva, y menos a nuestra colaboración en el proceso, a nuestra buena voluntad de enriquecer el caldo. En Guatemala hay mestizos, pero el mestizaje como tal se detuvo hace mucho tiempo. Hay grandes bloques inamovibles o icebergs genéticos: no se desplazan a ningún lado. Y no se desplazan a ningún lado porque así lo hemos dispuesto nosotros.
¿Por qué razón ladinos e indígenas (por mencionar dos categoría architípicas, archiarcaicas) no se buscan sexualmente?
Es obvio que aquí hay un efecto de selección, pero no natural: cultural. (Y no me parece que provenga de un solo lado.) El hiato cultural precede al hiato biológico, la discriminación de las identidades precede por mucho a la discriminación orgánica, y la informa violentamente.
No podemos darnos el lujo de no experimentar, de no besarnos. ¿Qué tal si velado en un porvenir incluso no tan lejano se encuentra nuestra configuración bio-racial óptima, que nos permitiría resolver de una vez nuestras diferencias sociales? ¿No es la espiritualidad también una actitud genética? ¿No es nuestra responsabilidad mejorar nuestro ambiente genético a través de la igualdad, la unidad, y la creatividad? ¿Es descabellado esto que digo? Oigo balazos.
(Columna publicada el 22 de septiembre de 2005.)
Dicho esto, no creo que en Guatemala el intercambio racial sea espontáneo, o siquiera exista. Cualquier mejora (por ejemplo, se me ocurre que en las últimas décadas las mujeres se han puesto más guapas) se debe a la sola inercia de la sangre evolutiva, y menos a nuestra colaboración en el proceso, a nuestra buena voluntad de enriquecer el caldo. En Guatemala hay mestizos, pero el mestizaje como tal se detuvo hace mucho tiempo. Hay grandes bloques inamovibles o icebergs genéticos: no se desplazan a ningún lado. Y no se desplazan a ningún lado porque así lo hemos dispuesto nosotros.
¿Por qué razón ladinos e indígenas (por mencionar dos categoría architípicas, archiarcaicas) no se buscan sexualmente?
Es obvio que aquí hay un efecto de selección, pero no natural: cultural. (Y no me parece que provenga de un solo lado.) El hiato cultural precede al hiato biológico, la discriminación de las identidades precede por mucho a la discriminación orgánica, y la informa violentamente.
No podemos darnos el lujo de no experimentar, de no besarnos. ¿Qué tal si velado en un porvenir incluso no tan lejano se encuentra nuestra configuración bio-racial óptima, que nos permitiría resolver de una vez nuestras diferencias sociales? ¿No es la espiritualidad también una actitud genética? ¿No es nuestra responsabilidad mejorar nuestro ambiente genético a través de la igualdad, la unidad, y la creatividad? ¿Es descabellado esto que digo? Oigo balazos.
(Columna publicada el 22 de septiembre de 2005.)


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