'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El loco

He tomado el avión que va de Londres a Manchester. He echado un vistazo por la ventanilla: un espectáculo a la vez fascinante y aburrido. El suelo es tan plano como una cancha de fútbol, carece de accidentes geográficos, y ha sido recortado, distruibuido, segmentado con regularidad maniaca: parches y parches de de terreno que se ordenan dentro de un rompecabezas nítidamente compuesto.

En las ciudades, es en realidad lo mismo. Hábitats secuenciados, recintos psicourbanos perfectamente higiénicos, vigilados por la inercia institucional. Es todo perfecto y eterno.

Eso, por supuesto, hasta que a alguien se le ocurre poner una bomba.

Digamos que una bomba, ya de sí, es un episodio excepcional, brutalmente mágico y no ordinario. Pero colocada en medio de una sociedad administrativamente neurótica, el efecto es doble. No es lo mismo poner una bomba en Madrás que poner una bomba en Londres, en dónde los accidentes sociales –como en el campo los geográficos– han sido reducidos a una expresión previsible.

La consecuencia de los terrorismos es similar a los que puede causar un fenómeno como Katrina: un desprendimiento violento de lo racional hacia las profundidades oníricas del poder: su parte animal, no legislada.

Se suspende el orden cotidiano: seguridad social, blockbusters, bestsellers, pasos zebrados, y todos los códigos adyacentes al logos posmoderno, se fisuran en un instante extraordinario y caótico: la civilización tiene un encuentro cercano con el loco que lleva dentro.


(Columna publicada el 15 de septiembre 2005.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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