'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Listerine

Me aparto: salgo a caminar.

Los pelícanos cruzan el cielo, como aviones nazis. Las olas parecen olas de Listerine. Voy dejando huellas, pero el mar, envidioso, las borra, inopinadamente.

Me detengo: eso largo y quieto es un pez muerto en la arena. Es gigantesco. Por la herida del animal florecen tiernas vísceras. Son hermosas; el mar las ha pulido bastante, y azulean; es como si les hubiese pintado Monet.

Sigo caminando hasta llegar a Monterrico. Una comunidad sin nombre se ha apoltronado al borde del mar. La peripecia del ocio. Niños, gordos, embarazadas, ancianos, adolescentes, padres y asesinos. Hoy es domingo.

Camino un poco entre la gente, luego tomo asiento en la arena. Los veo, están felices. Me gusta su felicidad. Pero no soy igual a ellos. Nunca me he sentido igual a ellos. Ni a ellos ni a los otros.

Después de un rato, me dan ganas de irme. Pero a la vez tengo ganas de quedarme. No sé qué hacer. No saber qué hacer es una forma de hacer algo.

Al fin me levanto.

En un momento, volteo: la gente ha quedado lejos.

Me encuentro con un pez muerto, pero no es el mismo de hace un rato: es otro pez. Éste pez no es tan largo, y no está roto como aquél. Éste pez es muy raro: está cubierto de espinas, como un puercoespín. Es para defenderse. Pero está muerto.

Antes de llegar al chalet, titubeo: puedo imaginarlos a todos en la piscina, tomando cócteles, hablando de películas. Me cansa. No quiero estar allí. Por otro lado, tengo sed, me gustaría tomar algo. Es tonto.

El mar hace gran bulla, revolcando sus fetiches ocultos. Me gustaría sumergirme allí dentro. El mar hace gran bulla.

En efecto, están todos en la piscina, tomando cócteles, hablan de películas. Voy directo al baño, sin saludar. Me lavo bien la boca. Con Listerine.


(Columna publicada el 12 de mayo de 2005.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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