'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Idiotas mundos perfectos

Algunos dislocados de la cabeza aún piensan que los niños son menos que seres humanos, es decir: que son seres humanos en potencia. Así los miran: deformes. Exentos de forma. Nebulosos, flácidos, lechosos. Para estos insensatos los niños son organismos diarreicos que es preciso encaramar al retrete antes de que la civilización se caiga a pedazos, y entienden la niñez como una suerte de barro que hay que informar, endurecer, y de todo ello sacar vasijas. Cuando la vasija ya está bien dura (luego de franquear el horno llamado “Escuela”, cuyas altas temperaturas purificadoras incineran todo asomo de espontaneidad) entonces la rompen con un martillo, escolásticamente.

Pues no. Un niño es como nosotros, es un ser humano. Entre otras cosas, merece literatura seria. Ariel Ribeaux puso sus servicios narrativos a la orden de la literatura infantil, lo cual resulta en suma heroico, considerando que es a menudo un género mal visto, un género que los ignorantes –la gran mayoría, es decir– osan llamar menor. Ariel no escribió, por fortuna, para la gran mayoría, sino para la pequeña mayoría: para los niños. Quiso darle a la literatura infantil autonomía y rigor literarios. Cierta vez me dijo que todo aquello que ya se había utilizado en la literatura para adultos –técnicas audaces, rutas movedizas y novedosas– estaba por trasladarse aún a la literatura infantil. Ariel abogaba por estrategias narrativas que estuviesen, en el fondo –y en la forma–, en sintonía con la inmensa vitalidad cerebral de los chicos. Cuentos e historias nada complacientes con el happy end, es decir, que no pintan idiotas mundos perfectos, entelequias y arcoiris de colores.

Porque en el mundo real, a los escritores de literatura infantil los bajan a tiros en la calle.


(Columna publicada el 19 de mayo de 2005.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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