La solidaridad
Árboles. Es en estos momentos cuando nos damos cuenta que la ecología no es mero fetiche de maniacos sin oficio, banderita de agitadores sociales, sketch para idealistas regresivos, sino tiene un sentido un poco más práctico, y es evitar la muerte.
Uno se puede subir a un helicóptero, digamos a uno de esos helicópteros que llevan víveres a tanto poblado sin brújula, y desde arriba darse cuenta que la deforestación no es una realidad lateral que asoma para comerse nuestra realidad, sino es ya de sí la realidad, lo dominante.
Los bosques son diques naturales, diques que por demás jamás podremos imitar con materiales humanos. Plantar árboles es construir sobre roca.
La solidaridad. Una de las cosas que evidenció el huracán Stan es que no existen rutas claras de solidaridad.
No es que no exista solidaridad. Todo lo contrario: la buena voluntad abunda, sobra, chorrea.
Lo que sucede es que no hay rutas para que esta solidaridad se encauce. Formas ya preestablecidas para un voluntariado serio que vaya más allá de donar víveres, ropa y medicinas. Todo esto es necesario, naturalmente: pero es solamente lo básico.
CONRED debe establecer un programa para formar a voluntarios o brigadistas civiles –con certificado– que deseen involucrarse más seriamente durante y después de una tragedia como la del huracán Stan. Dicho programa debe ser implementado ahora que los corazones de los guatemaltecos aún están conmovidos, mientras exista una cierta disposición a ayudar. Dentro de unos meses, el olvido, la amnesia, la indiferencia, volverán a reinar en el alma nacional. Será demasiado tarde.
El problema cuando la buena voluntad no encarna, no se propicia, es que se trasforma muy rápidamente en murmuración, en impotencia, y frustración. Todo contenido debe hallar su forma.
(Columna publicada el 27 de octubre de 2005.)
Uno se puede subir a un helicóptero, digamos a uno de esos helicópteros que llevan víveres a tanto poblado sin brújula, y desde arriba darse cuenta que la deforestación no es una realidad lateral que asoma para comerse nuestra realidad, sino es ya de sí la realidad, lo dominante.
Los bosques son diques naturales, diques que por demás jamás podremos imitar con materiales humanos. Plantar árboles es construir sobre roca.
La solidaridad. Una de las cosas que evidenció el huracán Stan es que no existen rutas claras de solidaridad.
No es que no exista solidaridad. Todo lo contrario: la buena voluntad abunda, sobra, chorrea.
Lo que sucede es que no hay rutas para que esta solidaridad se encauce. Formas ya preestablecidas para un voluntariado serio que vaya más allá de donar víveres, ropa y medicinas. Todo esto es necesario, naturalmente: pero es solamente lo básico.
CONRED debe establecer un programa para formar a voluntarios o brigadistas civiles –con certificado– que deseen involucrarse más seriamente durante y después de una tragedia como la del huracán Stan. Dicho programa debe ser implementado ahora que los corazones de los guatemaltecos aún están conmovidos, mientras exista una cierta disposición a ayudar. Dentro de unos meses, el olvido, la amnesia, la indiferencia, volverán a reinar en el alma nacional. Será demasiado tarde.
El problema cuando la buena voluntad no encarna, no se propicia, es que se trasforma muy rápidamente en murmuración, en impotencia, y frustración. Todo contenido debe hallar su forma.
(Columna publicada el 27 de octubre de 2005.)


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