Dylanizaciones
Ciclos de cine… Exposiciones… Éste tuvo que haber sido el año de Bob Dylan. Dylan es un producto altamente cotizado, un ocio grandemente necesario. Pero Dylan no es ocio alguno. Dylan es Presencia.
La prensa lo tiene un pedestal supervertiginoso, las reseñas se acumulan como los pisos de la torre babélica, el documental de Scorsese No Direction Home ha causado un revuelo formidable.
Sus canciones son como organismos sensibles caminando en la calle. Hay un frenesí de antologías dylanianas. The Essential Bob Dylan se ha vendido como piedra, de la fumable. El soundtrack de No Direction Home nos trae el volumen siete de las llamadas Bootleg Series. Además de ello, se han reeditado discos clásicos del maestro.
Por otro lado, el libro autobiográfico Chronicles: Volume One, aparecido a finales del año pasado, y recientemente en edición de bolsillo, nos revela a un extraordinario prosista. Su estilo literario no es bueno solamente: es impecable. Desde hace unos años se habla de concederle el Nóbel, pero no han querido dárselo por ser un escritor de canciones, como si eso fuese poca cosa. Ojalá que su autobiografía ponga los puntos sobre las íes.
Los dylanfreaks pudieron acaso sentir un escalofrío psicotónico al ver a su héroe compartir tiempo televisivo en una entrevista con Ed Bradley de CBS. Para ajusticiar, el songwriter de 64 años se ha embarcado en su tour europeo de 31 fechas.
Dylan es América, y todo lo que América tiene que decir de sí misma. En Dylan encarna una tradición de Honestidad Gringa. Y es por ello que en estos tiempos en dónde se ha puesto en entredicho la prosperidad de los Estados Unidos, a raíz tanto de desastres naturales como culturales, la figura de Dylan amanece de nuevo, trayendo la esperanza.
(Columna publicada el 20 de octubre de 2005.)
La prensa lo tiene un pedestal supervertiginoso, las reseñas se acumulan como los pisos de la torre babélica, el documental de Scorsese No Direction Home ha causado un revuelo formidable.
Sus canciones son como organismos sensibles caminando en la calle. Hay un frenesí de antologías dylanianas. The Essential Bob Dylan se ha vendido como piedra, de la fumable. El soundtrack de No Direction Home nos trae el volumen siete de las llamadas Bootleg Series. Además de ello, se han reeditado discos clásicos del maestro.
Por otro lado, el libro autobiográfico Chronicles: Volume One, aparecido a finales del año pasado, y recientemente en edición de bolsillo, nos revela a un extraordinario prosista. Su estilo literario no es bueno solamente: es impecable. Desde hace unos años se habla de concederle el Nóbel, pero no han querido dárselo por ser un escritor de canciones, como si eso fuese poca cosa. Ojalá que su autobiografía ponga los puntos sobre las íes.
Los dylanfreaks pudieron acaso sentir un escalofrío psicotónico al ver a su héroe compartir tiempo televisivo en una entrevista con Ed Bradley de CBS. Para ajusticiar, el songwriter de 64 años se ha embarcado en su tour europeo de 31 fechas.
Dylan es América, y todo lo que América tiene que decir de sí misma. En Dylan encarna una tradición de Honestidad Gringa. Y es por ello que en estos tiempos en dónde se ha puesto en entredicho la prosperidad de los Estados Unidos, a raíz tanto de desastres naturales como culturales, la figura de Dylan amanece de nuevo, trayendo la esperanza.
(Columna publicada el 20 de octubre de 2005.)



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