'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Ese pendejo Cicerón


Godoy perdió el ojo en el estadio. El presidente dijo, apenado: “Qué mala suerte”. Oh, la vida es tan voluble. Gaspar Ilom murió en una piscina. La gente de Senahú también: murió nadando en una tremenda piscina de lodo y advertencias desoídas, es decir de buenas intenciones (que sirven básicamente para hacer la mezcla de asfalto con que fabrican las supercarreteras que van derechito al infierno). Luego vino lo otro, ese sucio asunto: lo del Mariscal Zavala. La cereza del pastel. ¿Mala suerte? ¿Accidentes? No existen. A eso voy. Si toca, toca. Y en Guatemala toca más seguro. Te van a puyar en una camioneta; tu marido te va a desmantelar a trancazos; te va a corromper la política, la droga, el cinismo, la estrechez de miras; o vas a convertirte en el desayuno de la famosa Bandada de Zopilotes Depravados que cruzan los aires infectos de la Capital en busca perpetua de peatones malparados y usualmente malparidos. Nada de contingente, nada de accidental hay en estos sucesos. Por favor, decir tal cosa no es más que un tramposo denuesto. Esos sucesos forman, por el contrario, parte de una gran necesidad, y cuando digo necesidad lo digo en el sentido filosófico de la palabra. Necesario: lo que no puede no ser. Pero lo digo también en el sentido sórdido, digamos local de la expresión: hay necesidad, hay hambre, hay una miseria y una inseguridad malditas. Filosofar es aprender a morir, dijo Sócrates, luego Cicerón, luego Montaigne, y un resto de otras gentes sin oficio. En tal caso, en Guatemala todos estamos filosofando, y la mitad de la población es ya el equivalente a un Heidegger o un Wittgenstein. Con tanto genio, es obvio que los libros salen sobrando.


(Columna publicada el 23 de junio de 2005.)

No hay comentarios:

Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
Creative Commons License
Buscando a Syd by Maurice Echeverría is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 Guatemala License.