'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El remolino


1871. Un poeta, cuyo nombre ya nada significa, se aprieta contra un muro, y observa extasiado el desorden general que lo rodea. En su cabeza, la Comuna es algo más que una Rabia del Devenir Social, es algo más abstracto, algo que surge por encima de la necesidad histórica, un remolino nítido de formas, de quintaesencias, de destinos que culminan eternamente. Muy cerca del poeta, un niño grita: sucio y libre, cae abatido de una pedrada. El poeta, incrédulo, sortea los peligros de la revuelta, para ayudar al niño. Lo carga en brazos. El niño extiende un dedo, para señalar el automóvil que está en llamas, con el terror de quién ha visto un fantasma.

En efecto, es incomprensible, pero allí está, magnífico y desolador: un carro arde en la mitad de la calle. No uno: varios carros, de hecho. Estamos en 1968. Estamos en mayo exactamente. Estamos sobre todo en el Barrio Latino. En uno de los muros está escrito: Je suis marxiste tendance Groucho. Pero el poeta no sabe quién es Groucho, y además está demasiado ocupado recibiendo los golpes ingenuos y hostiles de un policía. ¿Qué ha pasado con el niño? No lo sabe. Desde el dolor de sus costillas (ya tendrá alguna rota) lo extraña melancólicamente.

El poeta cae rendido en el pavimento, sangra, pero sobre todo tose, por culpa del gas lacrimógeno, que va llenándolo todo, junto al humo de las llamaradas. El poeta tiene ideas propias sobre la vida y la muerte, sobre lo real y lo injusto: sabe que todo es injusto. Muchos carros (casi todos modelo 2005) siguen ardiendo en la calle jadeante, y el fuego se adhiere al cielo oscuro con cierta lealtad. El niño (pero ya no es un niño, es un adolescente, un árabe) lo carga ahora a él en brazos, lo lleva más adelante, en el remolino, entre las formas.


(Columna publicada el 17 de noviembre de 2005.)

No hay comentarios:

Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
Creative Commons License
Buscando a Syd by Maurice Echeverría is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 Guatemala License.