'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El indio

Por si las dudas, decide darle otro latigazo al indio. El indio, por décima vez, cae. Pero vuelve a levantarse. Es un indio macizo.

–Degenera, muere –le dice a la cosa, al indio.

Y otro latigazo.

–Abominación, impureza.

Y otro latigazo.

El indio masculla, sangra, suplica, calla. El encomendero aprovecha el espectáculo para reír.

–Te cortaré las orejas.

Dice el encomendero. Pero una cierta pereza abstracta lo refrena de hacerlo. Recoge una de las piedras, en cambio. La más grande, de hecho. Una piedra gigante, sí, pensativa. Que deja caer, morosamente, sobre la cabeza del esclavo.

El indio por fin se desmaya. Un relámpago de oscuridad lo ha sacudido. Hasta que un bastonazo lo hace abrir, de improviso, los ojos. Es hora de hacer la fila. Una fina lluvia desciende. Durante todo el día, trabaja, junto a los otros, con miedo de perder la vida. Pero eso lo preocupa menos que el gélido frío que le roe minuciosamente los huesos. De vez en cuando se observa los dedos gangrenados.

Los SS gritan, pontifican, usufructúan el silencio de la muerte. Hablan con grandes gestos teatrales. Gritan todo el tiempo. Tienen los dientes muy limpios. Uno de ellos se aproxima al indio (sólo que en realidad ya no es del todo un indio, ahora es más bien un judío polaco) y lo levanta con una mano, lo levanta del cuello, mientras le dice cosas, cosas terribles.

El SS aprieta y aprieta. El polaco apenas alcanza a formar dos o tres sonidos, tres vagos gorgoteos. Poco a poco, el rostro del SS se enturbia, se oscurece.

Cuando despierta, el sol desciende vertiginosamente sobre él –un sol ya civilizado, un sol de pleno siglo XVI. La piedra está allí, todavía pensativa, si bien dramática, por la sangre. El encomendero está sonriendo. Sus dientes están sucios.


(Columna publicada el 1 de septiembre de 2005.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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