'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Pánico por la mañana

6:24 a.m. Por lo general no escribo a esta hora. No estoy seguro que sea saludable. No puede ser saludable levantarse con este punto mordaz en el cuerpo: el pánico de un adjetivo. Ninguna ansiedad es del todo la misma a la del escritor que intenta hacer una página que no lo lastime, una página sucinta y magnífica, ave correcta. Si no está de acuerdo con el material, puede llegar incluso a la locura.

Y sin embargo, la página en blanco es como la jornada en blanco. En ese paralelismo está la razón de ser del escritor. Una página en blanco es un sentimiento que sólo conocen los escritores pero todos los seres humanos saben lo que es una jornada en blanco –equivale a decir: desperdiciada de antemano– así como todos saben lo que es una jornada negra, negrísima. Es lo mismo.

A veces me acuesto y dijo: “¿Qué propósito voy a darle a los tres o cuatro próximos días que están por venir?” A veces también sucede que despierto por la mañana completamente seguro de lo que estoy haciendo.

Escribir es una tensión sana solamente si logra su propósito: una página decente. De lo contrario, se desliga de ello un abismo dramático y freudiano, un descoyuntamiento de insanas proporciones.

Pero en verdad es demasiado: escribir a las seis y media de la mañana y además escribir sobre el escollo de escribir. CL6 está durmiendo en el cuarto de al lado. Estuvo llorando ayer al ver esa película, I am Sam. CL6 es mi flor, mi flor que llora porque es pura. Sigo pensando que el arte purifica al hombre, que Dios se purifica por medio de su creación. Nunca entenderemos la catarsis universal a menos que nos volvamos en una medida artistas. Sigo pensando que escribir es mi propósito en esta vida, pero ahora pienso que debo convertirme en un hombre decente para poder escribir a gusto, lo cual complica las cosas.


(Columna publicada el 4 de septiembre de 2003.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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