Pánico por la mañana
6:24 a.m. Por lo general no escribo a esta hora. No estoy seguro que sea saludable. No puede ser saludable levantarse con este punto mordaz en el cuerpo: el pánico de un adjetivo. Ninguna ansiedad es del todo la misma a la del escritor que intenta hacer una página que no lo lastime, una página sucinta y magnífica, ave correcta. Si no está de acuerdo con el material, puede llegar incluso a la locura.
Y sin embargo, la página en blanco es como la jornada en blanco. En ese paralelismo está la razón de ser del escritor. Una página en blanco es un sentimiento que sólo conocen los escritores pero todos los seres humanos saben lo que es una jornada en blanco –equivale a decir: desperdiciada de antemano– así como todos saben lo que es una jornada negra, negrísima. Es lo mismo.
A veces me acuesto y dijo: “¿Qué propósito voy a darle a los tres o cuatro próximos días que están por venir?” A veces también sucede que despierto por la mañana completamente seguro de lo que estoy haciendo.
Escribir es una tensión sana solamente si logra su propósito: una página decente. De lo contrario, se desliga de ello un abismo dramático y freudiano, un descoyuntamiento de insanas proporciones.
Pero en verdad es demasiado: escribir a las seis y media de la mañana y además escribir sobre el escollo de escribir. CL6 está durmiendo en el cuarto de al lado. Estuvo llorando ayer al ver esa película, I am Sam. CL6 es mi flor, mi flor que llora porque es pura. Sigo pensando que el arte purifica al hombre, que Dios se purifica por medio de su creación. Nunca entenderemos la catarsis universal a menos que nos volvamos en una medida artistas. Sigo pensando que escribir es mi propósito en esta vida, pero ahora pienso que debo convertirme en un hombre decente para poder escribir a gusto, lo cual complica las cosas.
(Columna publicada el 4 de septiembre de 2003.)
Y sin embargo, la página en blanco es como la jornada en blanco. En ese paralelismo está la razón de ser del escritor. Una página en blanco es un sentimiento que sólo conocen los escritores pero todos los seres humanos saben lo que es una jornada en blanco –equivale a decir: desperdiciada de antemano– así como todos saben lo que es una jornada negra, negrísima. Es lo mismo.
A veces me acuesto y dijo: “¿Qué propósito voy a darle a los tres o cuatro próximos días que están por venir?” A veces también sucede que despierto por la mañana completamente seguro de lo que estoy haciendo.
Escribir es una tensión sana solamente si logra su propósito: una página decente. De lo contrario, se desliga de ello un abismo dramático y freudiano, un descoyuntamiento de insanas proporciones.
Pero en verdad es demasiado: escribir a las seis y media de la mañana y además escribir sobre el escollo de escribir. CL6 está durmiendo en el cuarto de al lado. Estuvo llorando ayer al ver esa película, I am Sam. CL6 es mi flor, mi flor que llora porque es pura. Sigo pensando que el arte purifica al hombre, que Dios se purifica por medio de su creación. Nunca entenderemos la catarsis universal a menos que nos volvamos en una medida artistas. Sigo pensando que escribir es mi propósito en esta vida, pero ahora pienso que debo convertirme en un hombre decente para poder escribir a gusto, lo cual complica las cosas.
(Columna publicada el 4 de septiembre de 2003.)


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