'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Distraerse


Alrededor del ente común guatemalteco se han levantado grandes bastidores. Son colosales estructuras electorales que nos tapan la vista, además de posiblemente irritarnos, de irritarnos, en lo posible.

La presión se hace notar, y si alguien se pregunta por qué razón fulanito (hermano, vecino, amante, el señor de la tienda) está muy deprimido (le ha pegado a la mujer) pues debe tener por seguro que tantos preámbulos proselitistas no ayudan mucho.

Porque una atmósfera preelectoral se apoya por encima de todo en la duda. Existen dos razones para ello, la primera siendo la muy básica de que no se sabe quién va a quedar, quién será el próximo presidente, y por lo tanto cuál será nuestro destino en los próximos años y en adelante, lo cual es ya desconcertante, y basta para generar un estado estupefacto y sicótico. Eso de un lado. Pero además todas las candidaturas ofician desde una sola inalterable verdad: las cosas están mal, es preciso cambiarlas por qué están mal. Lo cual es decir que nosotros estamos mal, porque nosotros somos las cosas.

Es lo que cada uno de los candidatos nos señala implícitamente o impúdicamente.

¿Qué pasaría si todos nos volviésemos ceñidos analistas, si el electorado estuviese compuesto solamente por enfadados intelectuales que lo desmigajan todo? Es una posibilidad ante la información: hacerse cargo de ella. Pero podemos estar seguros que nos cagamos en el país. La certificación de la democracia es al fin ese apoyo en una masa votante más o menos grosera, y si hay magia alguna, es justamente ésa. No exime a la masa electoral de hacer rigurosos acercamientos a cada una de las propuestas en el mapa electoral, sobre todo no, pero sobre todo el votante no debe sobrepensar su decisión, porque entonces se corre un riesgo: el riesgo de votar frustrado. Por lo tanto hay que saber distraerse.


(Columna publicada el 28 de junio de 2003.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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