Muere Pepe Carvalho
Pornográfica muerte de los escritores. La muerte de un escritor es para mí lo que para otros podría visiblemente significar la muerte del Papa. Muere Pepe Carvalho, porque ha muerto la mano incendiaria y rauda que le daba destino, vida, imaginación, inteligencia, y cinismo: Manuel Vásquez Montalbán.
Creo que mi interés por la circunstancia policíaca, recientemente explorada en mi escritura, procede sobre todo de Vásquez Montalbán. Tuve la ocasión de hacerle una pregunta vía internet. En efecto, el año pasado (desconozco si todavía) el diario El País ponía escritores y figuras a disposición del cibernauta, y entonces uno mandaba las preguntas y el otro las respondía.
Mi pregunta, la número cuatro, realizada el 4-06-2002 (17,40 h.), fue la siguiente: “Desde Guatemala. ¿Cuáles son a su criterio los ingredientes vitales que debe
tener una novela policíaca...?”
La respuesta de Vásquez Montalbán, más puntual y amarrada, quedó así:
“En Guatemala se produciría uno de esos encuentros inevitables que hay entre novela policíaca y política que han ensayado escritores como Jose Ignacio Taibo II, Sasturáin, o Walsh en los que la novela policíaca se mueve entre el límite tan estrecho y a veces invisible entre política y delito.”
La otra proeza que seguiré amando de Vásquez Montalbán es haber formado parte de la mejor izquierda posible. Yo construyo una opinión a partir de un artículo lúdico y lúcido de Vásquez Montalbán, y no por escuchar la trovamierda infecciosa y sentimentaloide de América Latina, ninguna duda. Pero sobre todo, lo admiro porque escribía como un semental de la literatura. Opinar es fácil, no digamos insultar. Pero el trabajo, pero hilar con talento, y recolectar tantísimos trucos de cocina y destrezas intelectuales, eso es lo que en verdad cuesta.
(Columna publicada el 23 de octubre de 2003.)
Creo que mi interés por la circunstancia policíaca, recientemente explorada en mi escritura, procede sobre todo de Vásquez Montalbán. Tuve la ocasión de hacerle una pregunta vía internet. En efecto, el año pasado (desconozco si todavía) el diario El País ponía escritores y figuras a disposición del cibernauta, y entonces uno mandaba las preguntas y el otro las respondía.
Mi pregunta, la número cuatro, realizada el 4-06-2002 (17,40 h.), fue la siguiente: “Desde Guatemala. ¿Cuáles son a su criterio los ingredientes vitales que debe
tener una novela policíaca...?”
La respuesta de Vásquez Montalbán, más puntual y amarrada, quedó así:
“En Guatemala se produciría uno de esos encuentros inevitables que hay entre novela policíaca y política que han ensayado escritores como Jose Ignacio Taibo II, Sasturáin, o Walsh en los que la novela policíaca se mueve entre el límite tan estrecho y a veces invisible entre política y delito.”
La otra proeza que seguiré amando de Vásquez Montalbán es haber formado parte de la mejor izquierda posible. Yo construyo una opinión a partir de un artículo lúdico y lúcido de Vásquez Montalbán, y no por escuchar la trovamierda infecciosa y sentimentaloide de América Latina, ninguna duda. Pero sobre todo, lo admiro porque escribía como un semental de la literatura. Opinar es fácil, no digamos insultar. Pero el trabajo, pero hilar con talento, y recolectar tantísimos trucos de cocina y destrezas intelectuales, eso es lo que en verdad cuesta.
(Columna publicada el 23 de octubre de 2003.)



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