'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







La felicidad entonces

Hay una tristeza en el hecho de sentirse feliz, pues como todos sabemos la felicidad sólo es tal en la medida en que está en riesgo, en la medida en que es imposible o se acaba. La felicidad se encuentra en el borde mismo de la felicidad. Hoy por ejemplo pude sentirla casi en mí, y eso justamente: soy feliz porque no lo puedo ser del todo. Es todo el truco.

Habrá que preguntarse si cada emoción humana no se basa por entero en este principio. Habrá que preguntarse, ejemplo, si con el odio no pasa lo mismo, si con la angustia...

Todo lo indica así. Son sentimientos bellos, profundos, en su potencialidad. Una vez realizados son sólo la caricatura de sí mismos, de sí mismos un dibujo atrofiado y terrible, un mero... resultado. El humano es perfecto porque no se clausura. El hombre se postula sin cesar, se persigue, hay mil psicologías a su disposición, en un entorno de porvenir. Un hombre es dos hombres: la persecución es lo que lo hace hermoso o espiritual. Me refiero –y vuelvo al principio de este texto– a una potencialidad trunca, que nunca sucumbe al acto. El huevo nunca llega a ser gallina. Si efectivamente existiese la gallina, no cabría su representación, o sea: eso mismo que la hace hermosa.

Yo diría que la felicidad es lo que he sentido cuando alguna vez me ha conmovido una canción. La canción me ha prestado una plenitud, pero por la vía de la ausencia. En un cuento lo he puesto de mejor manera: “Una buena rola es un paraíso presentido. Por eso lleva consigo siempre una tristeza: la tristeza de saber que algo ajeno, hermoso, quizá imposible, existe.”

Una canción bella sugiere lo bello, pero nunca lo concreta. Por eso es bella. Las consecuencias teóricas de esta afirmación son epigráficas, innombrables.


(Columna publicada el 13 de noviembre de 2003.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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