Mixiones (V)
Cansancio. Millones de toneladas de artefactos de cansancio, todo eso triturado y licuado y negro y coagulante y circulando por mis venas viejas y exageradas. Cansancio, y sin embargo a la vez la imposibilidad radical de dormir. Sin dormir y sin hacer, ¿hacer qué?, ¿para qué?, ¿con cuál fuerza?, encallo en un pánico/parálisis. Y en ese cansancio: los odios más biológicos; la soledad como último espectáculo; insinuaciones suicidas; masoquismo a ultranza; autoconmiseración; mordaza apretada de nervios; ruina física; obsesiones viscerales sin tregua; demencia por veces; recurrencia por las situaciones más peligrosas y pesadillescas; muerte del talento; ninguna autoestima; ninguna confianza de porvenir; tartamudeo, eventual afasia; falta absoluta de interés sexual; relación parasitaria con los otros, alternada con una subjetividad carcelaria. Privilegiados todos mis instintos autodestructivos, cedo sin pensarlo a la tentación de hacerle daño a alguien más. No existen las buenas intenciones.
Palabra. Por lo menos tengo la palabra. Cuando estoy en peligro, cuando me siento incómodo en el mundo, cuando se difuminan las certezas, cuando traspaso el ruego acolchado de la realidad, y me quedo viendo del otro lado, sin garantías, lo que no hay, entonces digo: por lo menos tengo la palabra. La palabra es el ente fundante, posibilitador y fijativo del mundo. El mundo nace de la palabra, y por ello el mundo no debe ejercer ninguna presión moral y totalitaria sobre la
palabra.
Los artistas. El hombre sólo puede conocer a Dios inventándolo, metaforizándolo, creándolo. Cuando el hombre crea a Dios, Dios crea al hombre.
Visión. Las niñas cuasibulímicas comiéndose un torpe helado en el centro comercial.
(Columna publicada el 20 de noviembre de 2003.)
Palabra. Por lo menos tengo la palabra. Cuando estoy en peligro, cuando me siento incómodo en el mundo, cuando se difuminan las certezas, cuando traspaso el ruego acolchado de la realidad, y me quedo viendo del otro lado, sin garantías, lo que no hay, entonces digo: por lo menos tengo la palabra. La palabra es el ente fundante, posibilitador y fijativo del mundo. El mundo nace de la palabra, y por ello el mundo no debe ejercer ninguna presión moral y totalitaria sobre la
palabra.
Los artistas. El hombre sólo puede conocer a Dios inventándolo, metaforizándolo, creándolo. Cuando el hombre crea a Dios, Dios crea al hombre.
Visión. Las niñas cuasibulímicas comiéndose un torpe helado en el centro comercial.
(Columna publicada el 20 de noviembre de 2003.)


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