Mixiones (IV)
Calavera. Grita el esqueleto (¿es mío realmente?, o talvez me habita con saña, criatura rara y fósil). Grita el esqueleto y grita la calavera y gritan los dientes de la calavera. Cuando veo la foto de un quemado me sorprenden antes que nada sus dientes, sus dientes que son iguales que antes, aunque ahora, después del fuego catártico y abrasivo, los vemos en toda su profunda y oscura estructura. Sentirse original fisiológicamente: ahogar la calavera. El viento se detiene en los dientes porque ha sentido en ellos la muerte. La única manera de no sentir los dientes es sentir vivo absolutamente todo lo demás.
Reunión. Afuera he visto al pueblo divertirse en la tumba de una piedra, he visto la basura toda en la boca de los alucinados, los guardaespaldas masturbándose sobre los muertos necesarios. Llueve: un delirio gris cae sobre los parques. O es de día, hay sol.
La frase. Cuando era niño, quería encerrar toda mi existencia en una sola frase, divisa, sentencia para vivir, una sentencia de vida. Por supuesto, nunca encontré tal sentencia. Lo cual me causaba una angustia terrible, no encontrar la frase, mi frase que lo reuniera todo, que estuviera por encima de todo, total. Quizá por eso me volví escritor: en el fondo, todavía busco esa oración, aunque ya sé ciertamente que esa palabra que busco son todas las palabras, todas las interjecciones, todos los lenguajes, que la realidad puede nombrarse con todos los nombres, todas las estrellas, todos los silencios.
Terraza. Sólo necesitamos una terraza para poder apreciar la realidad como una historia larga y circundante. Sólo necesitamos una perspectiva ecuménica del mundo de vez en cuando, un lugar para poder respirar como un verdadero Dios, universalmente. La grandeza, una cuestión de espacio.
(Columna publicada el 7 de agosto de 2003.)
Reunión. Afuera he visto al pueblo divertirse en la tumba de una piedra, he visto la basura toda en la boca de los alucinados, los guardaespaldas masturbándose sobre los muertos necesarios. Llueve: un delirio gris cae sobre los parques. O es de día, hay sol.
La frase. Cuando era niño, quería encerrar toda mi existencia en una sola frase, divisa, sentencia para vivir, una sentencia de vida. Por supuesto, nunca encontré tal sentencia. Lo cual me causaba una angustia terrible, no encontrar la frase, mi frase que lo reuniera todo, que estuviera por encima de todo, total. Quizá por eso me volví escritor: en el fondo, todavía busco esa oración, aunque ya sé ciertamente que esa palabra que busco son todas las palabras, todas las interjecciones, todos los lenguajes, que la realidad puede nombrarse con todos los nombres, todas las estrellas, todos los silencios.
Terraza. Sólo necesitamos una terraza para poder apreciar la realidad como una historia larga y circundante. Sólo necesitamos una perspectiva ecuménica del mundo de vez en cuando, un lugar para poder respirar como un verdadero Dios, universalmente. La grandeza, una cuestión de espacio.
(Columna publicada el 7 de agosto de 2003.)


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