'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Mixiones (III)


Ateísmo. No defender el propio ateísmo con jactancia, sino con serenidad. Desconfiar de los ateos orgullosos.

Pavese forever. Me llamo Pavese. Escribo esto, y no en verdad por despedirme, nada de eso, todo salvo eso: es sencillamente lógico que un escritor escriba también, entre otras cosas, su muerte. Se vive tantas muertes, creo, al día, por noche, tantas y que no han sido nunca redactadas, allí finalmente en el papel, que la más cierta de todas, la definitiva, merece exclusiva atención, merece afecto. Estoy habitado de muerte: lo moral es morirse. Es un acto. Como escribir estas líneas de despedida. Un gesto.

Identidad. Estoy confinando a un raro rincón, a una extraña manera de ser guatemalteco.

Ataque. Es más difícil en mi caso la ofensa a la defensa. ¿Debilidad? Sí, hay algo de eso; como un cansancio. Pero entonces hay que organizar. Mis impulsos deberán ser orientados en una primera y fundamental instancia a conseguir nuevos haces de energía; mi radio de poder deberá aumentar hasta el grado de la suficiencia de agresión. Y debo preservarme así, pues la defensa reactiva y permanente debilita mi sensación de firmeza en el mundo.

Dedos. Me puse a tocar objetos, a tocarlo todo con los dedos, a reflexionar sobre mis dedos. Sobre el trueno, los dedos delicados, los dedos sobre el palpado universo. Todo empieza siempre con los dedos, el mundo, el otro, una torre. Los dedos se trenzan con la vida, tibia y canalla, la vida. Los dedos descubren el íntimo fragor de la existencia. Mudos y largos, extasiados y proféticos dedos, dedos absortos ante la inmensa catedral de cosas, que no alcanzan a tocar entera. Los dedos se sumergen en la grandiosa imparidad del mundo, y la dibujan.


(Columna publicada el 3 de julio de 2003.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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