'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Las piedras en el camino

Cada cuatro años, un grupo de hombres se dedica a pintar de colores las piedras desperdigadas y yacentes que bordean las rutas y los senderos, en una suerte de cíclica ceremonia que se ha venido realizando desde tiempo atrás.

¿Qué empresa mágica es ésta…? ¿Tendrá fines religiosos, celebrará el advenimiento de algún fenómeno telúrico…? Se sabe que las piedras han sido utilizadas en viscerales liturgias, así los celtas en Stonedge, o aquellas que sirven para lavar las prendas de Maximón. Acaso son teñidas para promover un propósito terapéutico, como lo dicta la gemoterapia, en otro sentido el arte.

No, por supuesto.

Simplemente es año de elecciones.

El país es un manto electoral punteado por miles y miles de piedras pintadas con los colores de los partidos políticos. A lo largo de caminos y carreteras, las piedras son los mejores soportes publicitarios y proselitistas, los soportes gratuitos que la naturaleza ofrece a candidatos ávidos de anegar el país en una atmósfera electoral más o menos irrespirable, como las aguas del Villalobos anegó carros y hasta un bebé el otro día. Es un viejo recurso.

De un día para otro aparecen pintadas las piedras. Talvez es cierto que hay hechicería de por medio.

Recuerdo que hace unos años a alguien se le ocurrió pintar unas piedras en Carretera a El Salvador, pero no para suscitar simpatías hacia ningún presidenciable, sino sólo porque sí, para embellecer. Como era de esperar, le pintaron muy luego encima: al principio una publicidad de esas que ofrecen curar enfermedades venéreas y más tarde el sello fatídico de cualquier partido. De esa manera la política termina comiéndose la religión, el arte, todo, y las piedras electorales están por doquier.

Son nuestras piedras en el camino.


(Columna publicada el 10 de julio de 2003.)

No hay comentarios:

Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
Creative Commons License
Buscando a Syd by Maurice Echeverría is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 Guatemala License.