Mal de ojo
Pocos meses para que Portillo termine su mandato. Portillo ha hecho lo más inteligente que puede hacer un presidente que no ha cumplido y ha abusado: callar y no justificarse, confiando en la transición que ya está en marcha.
Hoy estamos demasiado ocupados en esgrimir nuestro SCE (Santo Criterio Electoral). Opinar sobre la situación electoral es una ruta de empoderamiento para el guatemalteco vulgar, y vulgar es. Más que nada, es un problema de los hombres. Juzgar les da ese pequeño calambre que ya no mantienen por las noches.
Considero que en este momento en Guatemala solamente unas diez o doce personas me pueden dar una perspectiva hábil sobre las elecciones, y no incluyo en este grupo a casi ningún candidato. Todo ese indistinto clamoreo político no está sino socavando la importancia que, por Dios, merece semejante acontecimiento. Practicar el disentimiento de sobremesa, emocionado panel en el comedor de la casa, no nos llevará a ningún lado, más bien aumenta la frustración. Lo que sí es importante, por el contrario, es purificarnos lo suficiente como para entrar cuerdos al recinto electoral, y eso quiere decir lavarme la mirada de odios. De lo contrario nos vamos a equivocar.
¿Estoy dispuesto a odiar un poco menos hoy? Mal de ojo, por doquier. En la calle, te asesinan con la mirada. Y no algunos, sino más o menos todos. Cada ente es un almacén de dictámenes frenéticos, masivo depósito de opiniones, urna general del SCE, moldura y comentario. Cada veredicto es como la hoja del machete. Ahora bien, nos estamos haciendo los pendejos, porque para mientras Portillo se está yendo por la puerta de atrás, de la manera más discreta y procedente.
(Columna publicada el 25 de septiembre de 2003.)
(Nota: …y se fue.)
Hoy estamos demasiado ocupados en esgrimir nuestro SCE (Santo Criterio Electoral). Opinar sobre la situación electoral es una ruta de empoderamiento para el guatemalteco vulgar, y vulgar es. Más que nada, es un problema de los hombres. Juzgar les da ese pequeño calambre que ya no mantienen por las noches.
Considero que en este momento en Guatemala solamente unas diez o doce personas me pueden dar una perspectiva hábil sobre las elecciones, y no incluyo en este grupo a casi ningún candidato. Todo ese indistinto clamoreo político no está sino socavando la importancia que, por Dios, merece semejante acontecimiento. Practicar el disentimiento de sobremesa, emocionado panel en el comedor de la casa, no nos llevará a ningún lado, más bien aumenta la frustración. Lo que sí es importante, por el contrario, es purificarnos lo suficiente como para entrar cuerdos al recinto electoral, y eso quiere decir lavarme la mirada de odios. De lo contrario nos vamos a equivocar.
¿Estoy dispuesto a odiar un poco menos hoy? Mal de ojo, por doquier. En la calle, te asesinan con la mirada. Y no algunos, sino más o menos todos. Cada ente es un almacén de dictámenes frenéticos, masivo depósito de opiniones, urna general del SCE, moldura y comentario. Cada veredicto es como la hoja del machete. Ahora bien, nos estamos haciendo los pendejos, porque para mientras Portillo se está yendo por la puerta de atrás, de la manera más discreta y procedente.
(Columna publicada el 25 de septiembre de 2003.)
(Nota: …y se fue.)


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