Las dos iglesias
Lo dice el periódico: Quezada Toruño ha sido nombrado Cardenal. Una noticia importante para un enclave católico relevante como Guatemala.
El reto de la iglesia católica es recuperar el hondo trance de su liturgia, el significado profundo de sus símbolos, o seguirá perdiendo indefectiblemente feligresía ante los evangélicos. Pero esa regeneración ya no puede ser llevada a cabo por padres y miembros de la iglesia, solamente a esta altura por artistas. Eso: les regalé una clave y la van a desaprovechar. No soy católico, no veo por qué estoy dando claves.
Decía yo que los artistas son seres superiores y hay que tratarlos como tales. Me voy a explicar. En principio, considero asimismo que un médico es un ser superior, también lo es un alfarero. Dicho esto, tampoco la frase es mera taquigrafía de publicista en bancarrota. Religión y arte provienen de una misma región esencial y un depósito común: el mito. El sacerdote y el artista son dos hermanos parecidos y distintos, que a veces colaboran (como lo prueba la historia del arte y la historia de la religión) y a veces sencillamente se odian. Dice en El arco y la lira Octavio Paz que el sacerdote usurpó el lugar que le correspondía al poeta, lo cual es ya de interés. Puede decirse asimismo, y se ha dicho, que el artista –religioso o no– es un sacerdote laico. El sacerdote tiene o no talento, con la sola diferencia de que siempre goza del prestigio de la solemnidad social.
Cardoza siempre nos regala una frase de primera y un puente: “El arte es ateísmo que aún que se ocupa de lo sagrado”.
El arte propone una liturgia abierta, y será siempre abierta mientras se reinvente constantemente a sí misma, mientras no sea tragada por revistas, galerías, editoriales, y demás vigilantes del hecho artístico.
(Columna publicada el 2 de octubre de 2003.)
El reto de la iglesia católica es recuperar el hondo trance de su liturgia, el significado profundo de sus símbolos, o seguirá perdiendo indefectiblemente feligresía ante los evangélicos. Pero esa regeneración ya no puede ser llevada a cabo por padres y miembros de la iglesia, solamente a esta altura por artistas. Eso: les regalé una clave y la van a desaprovechar. No soy católico, no veo por qué estoy dando claves.
Decía yo que los artistas son seres superiores y hay que tratarlos como tales. Me voy a explicar. En principio, considero asimismo que un médico es un ser superior, también lo es un alfarero. Dicho esto, tampoco la frase es mera taquigrafía de publicista en bancarrota. Religión y arte provienen de una misma región esencial y un depósito común: el mito. El sacerdote y el artista son dos hermanos parecidos y distintos, que a veces colaboran (como lo prueba la historia del arte y la historia de la religión) y a veces sencillamente se odian. Dice en El arco y la lira Octavio Paz que el sacerdote usurpó el lugar que le correspondía al poeta, lo cual es ya de interés. Puede decirse asimismo, y se ha dicho, que el artista –religioso o no– es un sacerdote laico. El sacerdote tiene o no talento, con la sola diferencia de que siempre goza del prestigio de la solemnidad social.
Cardoza siempre nos regala una frase de primera y un puente: “El arte es ateísmo que aún que se ocupa de lo sagrado”.
El arte propone una liturgia abierta, y será siempre abierta mientras se reinvente constantemente a sí misma, mientras no sea tragada por revistas, galerías, editoriales, y demás vigilantes del hecho artístico.
(Columna publicada el 2 de octubre de 2003.)


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