Ese asunto del crédito
La semana pasada acudí a la embajada norteamericana para solicitar visa. Un amigo me recomendó que mostrase mi tarjeta de crédito durante la entrevista, cuestión de asegurarle al entrevistador que cuento con la suficiente solvencia económica como para pedirle a un banco un crédito (y por lo tanto no tengo necesidad de ir a trabajar a los Estados Unidos) o lo que es equivalente: que tengo el perfil adecuado para endeudarme. No se hasta qué punto hay lógica en ello, pero lo cierto es que me dieron la visa. Una paisana que iba delante tuvo menos suerte: “¿NO TIENE TARJETA DE CRÉDITO?”, sentenció, más que preguntó, la voz chillona de su entrevistadora.
Todos en la fila nos sentimos un poco más incómodos.
Es la importancia de tener crédito en estos días. Hay personas que basan todo su presupuesto mensual en la tarjeta. El crédito es un estilo de vida, y por lo que se deduce de la anécdota de la embajada, un criterio de selección cultural. Por estos días ese criterio ha sido levemente modificado con las recientes regulaciones aprobadas por el partido gobernante. Se especula que muchas tarjetas de crédito serán canceladas (y por lo tanto miles de visas, pero esto último no tiene un gramo de importancia pues miles de visas ya eran de hecho denegadas antes de la nueva regulación).
Según Lizardo Sosa, las personas ahora acudirán a los agiotistas. Un agiotista es un prestamista de dinero a altas tasas. Un usurero, como la usurera de Crimen y Castigo. En la novela, la usurera es asesinada con un hacha. En la realidad, el hachazo es para el que pide prestado. Eso lo sabía Dostoievsky, que era un genio, pero un genio endeudado, como tantos otros. Los agiotistas no son amantes del arte, no creen en el mecenazgo, no han leído Los hermanos Karamazof, y no necesitan por lo general visa a los Estados Unidos. Tienen trabajo.
(Columna publicada el 5 de junio de 2003.)
Todos en la fila nos sentimos un poco más incómodos.
Es la importancia de tener crédito en estos días. Hay personas que basan todo su presupuesto mensual en la tarjeta. El crédito es un estilo de vida, y por lo que se deduce de la anécdota de la embajada, un criterio de selección cultural. Por estos días ese criterio ha sido levemente modificado con las recientes regulaciones aprobadas por el partido gobernante. Se especula que muchas tarjetas de crédito serán canceladas (y por lo tanto miles de visas, pero esto último no tiene un gramo de importancia pues miles de visas ya eran de hecho denegadas antes de la nueva regulación).
Según Lizardo Sosa, las personas ahora acudirán a los agiotistas. Un agiotista es un prestamista de dinero a altas tasas. Un usurero, como la usurera de Crimen y Castigo. En la novela, la usurera es asesinada con un hacha. En la realidad, el hachazo es para el que pide prestado. Eso lo sabía Dostoievsky, que era un genio, pero un genio endeudado, como tantos otros. Los agiotistas no son amantes del arte, no creen en el mecenazgo, no han leído Los hermanos Karamazof, y no necesitan por lo general visa a los Estados Unidos. Tienen trabajo.
(Columna publicada el 5 de junio de 2003.)



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