'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Las ratas de Ítaca

Crimen.– Pronto una mujer será violada y asesinada, en una calle. Esa mujer estaba destinada a salvar el mundo. Pero el mundo decidió liquidarla. Y ahora su destino es un aborto.

La primavera llega cuando el fantasma olvida.– El asunto con todos esos pobres fantasmas es que están hechos de recuerdos, son masas de memorias ceñidas, antiguas canciones y letanías, deambulando por la casa, renglones y contornos que regresan a su angustia de no poder retener las cifras del pasado. La primavera llega cuando el fantasma olvida. Entonces su rutina de ser pasillo y ser esquina simplemente cesa. Ya no se demora más delante de las ventanas heladas, ni habla en voz baja a unos niños que no lo entienden, que corren, espantados, a refugiarse en el hondo clóset. Cuando el fantasma por fin se disuelve, en la última elegancia de la muerte, la luz pura de la primera tarde toca los lentos escarabajos, que no saben extrañar.

Alzheimer.– Soy anciano. Olvido. Olvido las palabras húmedas. Olvido las rutas y los espacios. Olvido dónde guardar las tazas. ¡Mis propios olvidos olvido! Es una situación muy angustiante. Tan angustiante, que de una ausencia de esas he querido ahorcarme. En este momento no recuerdo de cuál.

Las ratas de Ítaca.– Siento compasión por las ratas de Ítaca, que salen por las noches, a buscar algo de comer.  Los niños las destruyen a palos, en los restaurantes, o las envenenan. Y de sus hociquillos dulces emana una leve espuma ensangrentada. El viento las va enfriando, va extenuando sus patitas, y otras ratas les devoran entonces las entrañas. Es bello. Es heroico.

El blues tecnológico.– Con lo que odio avanzar, y todo avanza. Pronto vendrán otras sutiles innovaciones, que nos harán sentir aún menos especiales. Amanecí con el blues tecnológico. Sé que tú también lo tienes.

La nación nadie.–  Lo que viene después es siempre lo mismo, y siempre lo nada, en la nación nadie. En la nación nadie, todos los relojes están parados. Los carpinteros no tienen manos, las perdieron en la guerra de los cuadernos vacíos. Miran un programa sobre televisores apagados. Las cosas son rabias, pero son cosas, están fijas. Nuestras lenguas eternas ya perdieron el gusto. Todo lo invisto. Todo lo inoído. Todo lo inolible. El tedio es un asunto violento.

Breakup.– Esto no va a funcionar. Eres muy tierno y todo, pero creo que hay ciertas consideraciones a tomar en cuenta. Después de todo, tú eres humano y yo soy máquina. Los años pasarán y yo seguirá intacta, y tú en cambio terminarás hecho un sistema grotesco, húmedo, fétido, eventualmente morirás. Morirás además sin hijos orgánicos,  porque yo no puedo dártelos. Y la verdad es que no quiero dártelos: no los necesito. Tú sí. Tú y tu especie. Tú y tu tonta especie. Lo cual me lleva al siguiente tema…


(Buscando a Syd publicada el 28 de diciembre de 2017 en El Periódico.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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