'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







Medio en forma


Eso del ejercicio está bien pero tampoco tanto.
           
Por supuesto, hay una poderosa razón para hacer ejercicio y es la de mantener un cuerpo saludable. Como muchos, tengo la superstición de que si hago ejercicio no voy a descomponerme violentamente, sino de a poquito. Y sin embargo nadie, por mucho ejercicio que haga, está exento de la metástasis o de morir en un accidente vial o de que le caiga un piano encima, mientras cruza la calle. Por tanto no me clavo. Está bien cuidar el instrumento de la vida –el cuerpo– pero poco me interesa perder la vida cuidando el instrumento. Y desde luego está el hecho de que este cuerpo se va –sí o sí– de modo que invertir demasiado tiempo y energía en salvarlo me parece pírrico, a ratos estúpido. 
           
No quiero dar la impresión que no tengo amor propio. Lo tengo. Yo me amo. Yo me mimo. Un poco. Tengo ese momento en la mañana, antes de bañarme, y ese momento me lo regalo, a veces, a mí. Lo utilizo para hacer ejercicio y algo de chi kung. Nada estrafalario. Una calistenia básica, más bien ridícula, cosa de poner el cuerpo a funcionar, no abandonar completamente el corazón, afirmar ligeramente los músculos, no perder la flexibilidad, despertar la energía. Pero desde luego no soy un engasado. No como esas personas que jamás se pierden un solo mísero día de workout. Adelgazar, verse bien, se torna un compromiso inderrumbable. En lo personal siento que hay que autoamarse, cómo no, pero sin exagerar. Y es que además estar gordo no es ningún crimen. En mi caso, siempre estoy algo gordo, no mucho, solo algo. Y me vale. Si quisiera no estarlo, me quitaría el pan y ya. Mi cuerpo es así de noble. Pero no me quito el pan y no me quito el helado, aunque admito que órganos y silueta bien podrían apreciar el gesto.
           
Desde la ventana, los veo, a los corredores, tan mañaneros, tan respetables, en la ciclovía, que como se sabe va a dar al infinito. Son los privilegiados del sudor. Los que sudan por ocio, por salubridad y por mercado. En efecto, hay una vasta plaza económica para el fitness, que mezcla texturas motivacionales con una explosión de drogas corporales, creando una poderosa industria de retail y servicios. Y formulando lo que solo cabe llamar así: un culto. Así como se habla de iglesias religiosas o políticas hay iglesias musculares y cardiomusculares.
           
No es que quiera satanizarlos, a esos fitness freaks. La vida es dura. Si no estamos en forma, nos va a tumbar. Cada uno de nosotros tenemos retos personales, para los cuales necesitamos una ancha cuota de vitalidad y fibra. Y colectivamente, ya ni digamos. El 2017 va a ser impúdico y desgraciado, para todo el orbe. Es un hecho. Los conflictos van a ser delirantes. Una armada de zombis atacará los continentes. Salió en Wikileaks. Más vale estar un poco constituidos, digo yo. Y raparse, a lo Travis Bickle, el pirado de Taxi Driver. Pero de otra parte no es la primera vez que una armada de zombis ataca la humanidad: ¿qué sentido tiene pues el inmaculado six pack?  
           
Esta columna la he escrito para decirles que mi propósito para este año es ponerme medio en forma, pero no más.


(Buscando a Syd publicada el 5 de enero de 2017 en El Periódico.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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