'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







La depresión

SYLVIE REUTER

Yo fui por muchísimo tiempo, y por definición, un deprimido. Lo fui por supuesto durante mi adolescencia, lo cual es hasta cierto punto normal,  pero se puede decir que yo lo fui anormalmente, de una forma nodal y ejemplar.
           
En efecto, estaba profundamente enamorado de la densidad, de la llaga inmaculada de la depresión. Era un estilo de ser, un sistema. Además estimulado por mis lecturas verlainianas, saturninas y otoñales. Llevaba esa esa fetalidad conmigo 24/7.
           
Fondos. Y fondos de fondos. Y fondos de fondos de fondos.
           
En algún momento me harté de ese zope que me hartaba día a día las entrañas. Así que comencé a formular un Proyecto de Remoción de Sufrimiento. Lo cual siempre es tricky, porque no se sale de la depresión programáticamente, como armar un mueble de Kalea. No es tan sencillo como leer libros para salir de la depresión y ya estuvo. Empezando por el hecho de que para leer esos libros uno tendría que estar precisamente más allá de la depresión. Pero la depresión le roba a uno todo interés y todo impulso. El impulso es lo primero que se cae, para un deprimido. Por otra parte, uno no puede abandonarse del todo, renunciar completamente al movimiento. Hay cosas que de plano hay que hacer, para salir de la depresión. Y sin embargo no hay que hacer nada: es más bien una cosa de residir en el fuego de esa oscuridad y dejarse consumir completamente por ella.  
           
Ni decir que la depresión es algo muy confuso, y extraerse de ahí implica mucho ensayo y mucho error. Es un tanteo que es una angustia.
           
Y sin embargo se sale, o por lo menos yo lo hice. Eventualmente conseguí amalgamarme, arterializarme, acreditarme de nuevo en la existencia funcional. Esa profiláctica aureola de muerte que me rodeaba fue perdiendo su intensidad, hasta desaparecer por completo. El proceso de recuperación fue lento, fue milimétrico, fue capilar, sin embargo se dio.
           
Fuera del infierno, la tentación es agarrar para el cielo. Ya saben, tomar martinis con los ángeles. Y eso fue lo que hice, básicamente. Me trasladé a los estados más gloriosos y sutiles y sagrados que puedan ustedes imaginar. Aquella fue una de las épocas más intensas, radiantes, impulsoras y visionarias de mi vida. Puro flow y evangelio. Un estado danzante de conducción y downloads hasta en la sopa. Los mundos inferiores me la sudaban por completo.
           
Sin embargo, hay que volver a la tierra, pues somos humanos, y ser humano es el destino que tenemos que cumplir. Ser humano quiere decir que no somos celestiales ni tampoco particularmente infernales.
           
Vivir en el justo medio puede parecer una existencia mema –ni muy cerca de la seda ni muy cerca de la llama– pero de hecho es bastante rica, repleta de hermosos claroscuros. Claro que hay momentos de la vida en donde uno vuelve a subir o vuelve a bajar. Esas posibilidades direccionales siempre están ahí.
           
Este año me tocó bajar, por ejemplo. Los signos clásicos: sensación de vacío, pérdida masiva de energía, de ánimo, de interés, incapacidad de generar orden o sentido, descuido, abandono, etcétera. Tampoco me hundí demasiado. Una depresión leve. De hecho ya me encuentro plenamente reconstituido. Hace tanto tiempo que no me ocurría, hasta me pareció estimulante.


(Buscando a Syd publicada el 22 de diciembre de 2016 en El Periódico.)

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Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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