'Buscando a Syd'... El reto ha sido buscar lo poético en lo profano y lo eterno en lo breve, siendo lo breve una columna medio extraviada en la penúltima, y quien llega a la penúltima, ya se sabe, llega allí con las manos sucias, luego de haber manoseado el diario entero, neurótico de actualidad y maldiciendo. El escritor de penúltimas sabe que una vez cerrado el periódico, jamás será abierto de nuevo, y por eso se juega el todo por el todo. Sirva, pues, cada uno de estos textos como prefacio al olvido… Es lo que soy... Un escritor de relámpagos… Maurice Echeverría







El mito y el deseo

La navidad es, a no dudarlo, la coartada más precisa de la sociedad del deseo. Esta celebración ha ido creciendo y creciendo a lo largo de los siglos hasta convertirse en una megaestructura que involucra y compromete todas las dimensiones del ser humano –desde lo material a lo teofánico– creando de esa cuenta un espectáculo total que nos magnetiza como la pluma al gato. La navidad es el mysterium tremendum et fascinans del sector consumo.

Nuestra economía, hecha a base de sensaciones, procura estimular permanentemente todos nuestros sentidos –libar, hartar, fornicar, nadar en cosas, el marasmo entero– pero la navidad propone además una aceleración o saturación excepcional. Desde el punto de vista biológico, no podríamos de ninguna manera sostener el overload crítico de información navideña durante un año entero sin caer en una especie de crisis nerviosa (aún con todo el esfuerzo que hacemos por ampliar nuestros umbrales de consumo). De allí que se reserve un momento significativo para esta gran orgía anual: ¿y cuál mejor corolario que la natividad?

Si funciona tan bien es porque mancuerna perfectamente un esquema religioso innegociable con el espíritu licencioso y posmoderno del mercado. Es una mezcla explosiva de lo mítico y lo profano, de lo inocente y lo sensual. En términos generales, el mercado funciona extremadamente bien en situaciones ritualizadas (el fin tanático del año–ciclo, la celebración del día de la madre–fertilidad, o el halloween que conecta el mundo de los vivos y los muertos), y es muy inteligente en tanto que sabe que toda experiencia mítica reclama de nosotros una especie de abandono, un abrirse a la renovación y lo sagrado, y es en tal apertura o espacio de desinhibición de lo ordinario en donde el mercado ingresa, como un caballo de Troya, o bien como uno de esos patógenos oportunistas que se introducen en el cuerpo en momentos de vulnerabilidad. Se infiere de todo esto que si queremos salvaguardar nuestros legados mágicos, hemos de separarlos de los jinetes del deseo.


(Columna publicada el 16 de diciembre e 2010.)

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Mi foto
Maurice Echeverría (1976) nació en la ciudad de Guatemala. Ha publicado el libro de cuentos "Sala de espera" (Magna Terra, Guatemala, 2001) y "Por lo menos" (Santillana, Punto de Lectura, Guatemala, 2013). Los libros de poesía "Encierro y divagación en tres espacios y un anexo" (Editorial X, 2001) y "Los falsos millonarios" (Catafixia, 2010). Ha publicado la nouvelle "Labios" (Magna Terra, Guatemala, 2003), así como la novela "Diccionario Esotérico" (Norma, Guatemala, 2006). Maurice Echeverría ha colaborado en medios locales como Siglo XXI, El Periódico o Plaza Pública. Algunos de sus textos periodísticos son encontrables en el blog "Las páginas vulgares" (http://www.laspaginasvulgares.blogspot.com/). Como columnista, trabajó activamente para el diario El Quetzalteco, por medio de su columna "La Cueva" (reseñas de cine) y su columna editorial "Los Tarados". Desde el 2002 mantiene su columna "Buscando a Syd", en el diario El Periódico.
 
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